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La extensa corrupción ejemplificada por el caso Odebrecht, la elección de Trump y el triunfo del brexit en Inglaterra son algunos de los síntomas que demuestran que la democracia como sistema está colapsando y necesita una reforma urgente. ¿Por dónde empezar?
De acuerdo con Otto Scharmer, profesor de la Universidad MIT, hoy estamos presenciando la era de una profunda perturbación de nuestra civilización, en un momento en el cual la amplificación mediática del miedo, del odio y del prejuicio está contribuyendo al resurgimiento global del nacionalismo alimentado por la xenofobia.
Además, la polarización cada vez más profunda que separa rudamente a los buenos de los malos, a los amigos de los enemigos, a los fieles de los infieles, según Scharmer, ha radicalizado no solamente a grupos terroristas como Al Qaeda o ISIS, sino también al electorado del mundo occidental. Por eso, vivimos cada vez más en un contexto sin empatía, es decir sin la capacidad de reconocer y respetar al otro.
Pero el fundamentalismo religioso y cultural no es lo único que está perturbando nuestros tiempos. Scharmer identifica en la crisis financiera del 2008 el resultado de un fundamentalismo económico que encuentra en el neoliberalismo su expresión más genuina, dado que tiene en el egoísmo su motivación, en el dinero su único lenguaje y en el mercado su tirano. De hecho, el neoliberalismo se ha revelado como un sistema insostenible para el planeta y los individuos. El fundamentalismo de los mercados, nos alerta Scharmer, no es menos peligroso y dañino que el fundamentalismo religioso.
Por último, la crisis de nuestra civilización está marcada por la perturbación “tecno-política” que encuentra en la elección de Trump y en el resurgimiento del neofascismo sus expresiones más preocupantes. Es un fenómeno amplificado y habilitado por lo que Scharmer define como el fundamentalismo tecnológico. De hecho, algoritmos invisibles, a través de las grandes plataformas digitales, crean para los usuarios una realidad que se ajusta a sus propias creencias y gustos. A través de la llamada política de la posverdad este fundamentalismo amplifica el enojo, el odio y el miedo.
Entonces, ¿qué vamos a hacer frente a las perturbaciones provocadas por el fundamentalismo religioso, económico y tecnológico? ¿Vamos involuntariamente a ser parte de la maquinaría que amplifica el caos y la confusión? Se pregunta Scharmer, ¿o estamos dispuestos a levantarnos, a enfrentar la realidad con curiosidad, compasión y coraje, mientras mantenemos fija la mirada en el futuro que quiere surgir?
Para responder de manera adecuada a los tiempos presentes, Scharmer propone unas prácticas, entre ellas, escuchar con atención, por los menos una vez al día, a alguien que tiene ideas opuestas a las tuyas; crear círculos de amigos, compañeros de viaje, que se apoyen en estos tiempos difíciles; generar conversaciones públicas de abajo hacia arriba junto a otros ciudadanos inquietos por el futuro. Es decir, prácticas que mantienen nuestras mentes, corazones y voluntades abiertas.
Porque en tiempos tan perturbadores, todo puede pasar y todo es posible. También lo bueno y lo deseado.