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En un momento en el cual se perfila en Colombia el fin del conflicto armado, ¿no sería oportuno eliminar el servicio militar obligatorio?
La paz no se construye solamente con la negociación entre enemigos, sino también con actos simbólicos que transformen actitudes culturales. Se necesita el repudio de la guerra si se quiere construir la paz. Eliminar el servicio militar obligatorio sería un acto importante para apostarle a la paz y dar la señal de que el país sí quiere cambiar de rumbo.
La guerra es un magnicidio revestido de una especie de culto sagrado, como lo fueron los antiguos sacrificios a los dioses, por el terror que infunde la retórica de la cual está impregnada y los intereses que implica. Igino Giordani, miembro de la constituyente italiana y quien en 1949 fue el primero en presentar un proyecto de ley sobre la objeción de conciencia, decía que la guerra es a la humanidad lo que la enfermedad es a la salud o el pecado al alma.
Además, decía Giordani, la guerra no es democrática, porque es deseada por unas minorías a las cuales la violencia física garantiza ventajas económicas o satisface las peores pasiones. Es suficiente leer cualquiera de los informes del Grupo de Memoria Histórica para concluir que también en Colombia la guerra se ha manifestado como una masacre inútil.
Dentro del camino de Colombia hacia la paz, hay pasos que se pueden tomar para llegar a la no obligatoriedad del servicio militar, que hoy, de hecho, radica en la obligatoriedad de tener la libreta militar.
Primero, hay que declarar una suspensión a las batidas del Ejército, cuya ilegalidad ya fue sancionada por la Corte Constitucional. Si el Gobierno no se atreve a tanto, los alcaldes podrían actuar con eficacia, así como ya lo hizo Bogotá. Es cuestión de voluntad política y de liderazgo. Por ejemplo, uno no entiende cómo el alcalde de Medellín, cuyo lema es “Medellín, todos por la vida”, tolere que ésta sea una de las ciudades en donde se realizan más batidas ilegales en el país.
Segundo, hay que aprobar un proyecto de ley radicado en el Congreso para derogar la libreta militar como requisito necesario para graduarse de un instituto de educación superior o celebrar contratos de trabajo. Es una norma, además, que perjudica a las familias de bajos recursos que no tienen el dinero para sobornar funcionarios y pagar la libreta militar, como sí lo hacen familias de otras clases sociales. ¡El 86 por ciento de los soldados reclutados pertenecen a los estratos mas bajos!
Tercero, hay que dar reconocimiento legal a la objeción de conciencia, reconociéndola como una alternativa ética, social y política. El hombre armado que presta servicio militar no puede ser el único ejemplo celebrado de patriotismo. El reconocimiento de la objeción de conciencia legitima la pluralidad de formas para la construcción del bien común.
Estos tres pasos pueden contribuir a construir el ambiente para la no obligatoriedad del servicio militar, que en sí mismo es un paso para transitar de una cultura de la violencia a una cultura de la convivencia pacífica.