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Es una buena noticia para el país que el Gobierno y el Eln hayan formalmente acordado empezar la fase pública de las negociaciones, para consolidar y profundizar el camino hacia la paz en Colombia.
Es una buena noticia, entre otros motivos, porque fue anunciada en una semana donde grupos paramilitares quisieron hacer sentir, a través de la intimidación, su presencia en áreas neurálgicas del país, y porque un número importante de ciudadanos aceptó la invitación del expresidente Uribe para salir a la calle y manifestar su desilusión por el gobierno de Santos. Es una buena noticia, porque el proceso de paz con el Eln reafirma el diálogo como método preferencial para resolver los múltiples problemas que enfrenta el país.
De hecho, no se puede imaginar el fin del conflicto armado en Colombia, sin llegar a un acuerdo de paz con la guerrilla del Eln. Más allá de la firma de un acuerdo, el proceso ofrece la oportunidad para un diálogo político, ojalá auténtico y sincero, donde las reclamaciones ceden el paso a una construcción común.
Es una buena noticia también porque este proceso es el resultado de un trabajo largo, paciente, nada fácil, que ha requerido flexibilidad y compromiso por ambas partes. Por parte del Gobierno, se trató de aceptar que el Eln es una fuerza insurgente con su propia identidad, historia y reivindicaciones. Por parte del Eln, se trató de consolidar una voluntad y un consenso interno que identifica las circunstancias del presente como adecuadas para buscar la salida negociada al conflicto.
Al mismo tiempo, hacen bien los expertos en resaltar que el proceso de paz con el Eln no va a ser nada fácil. De hecho, los ritmos y los tiempos pueden ser más largos de lo querido y los resultados inciertos.
Pero, como bien lo ha resaltado el jesuita Francisco de Roux en una entrevista, un proceso exitoso con el Eln, por las mismas características de esta, puede tener un impacto profundo en las regiones donde más se ha padecido la marginalización y la violencia. En otras palabras, el proceso de paz con el Eln, si es aprovechado bien por ambas partes, puede ser una oportunidad estratégica para construir una paz territorial, empoderada por una sociedad civil comprometida con la paz del país.
Durante las negociaciones del gobierno de Uribe con el Eln, tuve la oportunidad de entrevistarme en Cuba con el comandante Pablo Beltrán, hoy miembro integrante del equipo de negociación del Eln. ¿Qué significa construir nación?, me preguntó Beltrán durante nuestra conversación. Quizás hoy no hay todavía una definición compartida. Pero en este momento considero que el método sea lo más importante.
Dos guerrillas históricas que buscan la salida negociada al conflicto es la señal de que la violencia ya no es una forma de lucha ni eficaz ni legítima. Más bien, es dialogando que una nueva visión de nación puede emerger. Construir país hoy es construir una paz que es concebida como el resultado de un diálogo entre contrarios.