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La fórmula del presidente Santos para luchar contra el microtráfico, empleando las excavadoras para tumbar las ollas de vicio, además de ser ineficaz, es hipócrita y raya en lo ridículo.
Cuando los gobiernos tienen pocas ideas, suelen recurrir a lo espectacular; muestran los músculos, sacan el pecho y agitan al aire el puño de hierro. Así lo hizo el presidente Santos cuando anunció que las excavadoras iban a ser la innovación en la lucha contra el microtráfico: “Si logramos destruir esas ‘mini-ollas’, literalmente demoler las casas donde operan, vamos a darle a la raíz de esas miniestructuras que están causando tanto daño”. Ni los niños se comen este cuento.
El presidente Santos nos ha acostumbrado a estas proclamas. Ya el año pasado anunció la ‘Operación Corazón Verde’, que en 60 días (!) pretendía darle un golpe contundente al microtráfico. La Policía Nacional habló del gran éxito presentando estadísticas impresionantes. Pero el mercado siguió imperturbable, como lo ha demostrado, por ejemplo, una investigación independiente de la Fundación Ideas para la Paz: la demanda así como la oferta y los precios se mantuvieron. Los CAI de la Policía, en varias áreas de Medellín, siguen rodeados de plazas de vicio.
No va a ser distinto el resultado de las excavadoras. Así como se derrumban algunas ollas de vicio, se va a derrumbar esta iniciativa del gobierno Santos. Pronto nuevas plazas de vicio sustituirán a las que las excavadoras derrumbaron. Nuevos cabecillas tomarán el lugar de los que fueron arrestados.
Además de ineficaz, esta política de mano dura es hipócrita. Se hace fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Termina golpeando sólo a los habitantes de la calle, a los adictos, a los jíbaros de los barrios pobres, y no a quienes de verdad se lucran del microtráfico. Es una política además que perpetúa la criminalización de áreas marginales de las ciudades y de sus habitantes. ¿Por qué a las ollas de vicios para los de estrato alto —como me escribió alguien en Twitter— “se les dice festivales, club, la sala de tu casa, la finca de mi tía y la fiesta de mi hermano”. Las excavadoras no van a llegar al norte de Bogotá o a El Poblado en Medellín.
No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos, dijo Einstein. La lucha al microtráfico no necesita políticas de mano dura estériles, que sólo representan más de lo mismo. Se necesitan políticas integrales, incluso de desarrollo económico sostenible en áreas urbanas donde hoy el inversionista principal es el crimen organizado.
La solución requiere creatividad y coraje político, como la tuvo el presidente de Uruguay, José Mujica. La legalización de la marihuana, eso sí sería un golpe contundente al microtráfico. Parafraseando a Mujica, nos podríamos preguntar, ¿qué es lo más peligroso, la marihuana o el microtráfico? ¿Cuál de los dos causa más muertes?