El momento que vive Colombia hoy

Aldo Civico
28 de marzo de 2017 – 09:00 p. m.

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Cuando se vuelve sistema, la corrupción es el caballo de Troya que favorece la relación entre mafia y política, y termina asfixiando a la democracia. Los honestos en Colombia son conscientes de esto.

El país vive hoy un momento histórico. El acuerdo de paz con las Farc abre dinámicas y posibilidades nunca antes vistas. Quizás a Colombia le pasa hoy lo que le pasó a Europa cuando se derrumbó el muro de Berlín. De hecho, con el muro se derrumbó también el discurso que justificaba prácticas criminales.

En Italia, por ejemplo, el fin del comunismo significó también que entonces era posible y necesario hablar sobre la alianza oscura entre la Democracia Cristiana y la mafia de la Cosa Nostra en Sicilia. Mafia y Estado se habían dado la mano para evitar la influencia de Moscú, y los votos de los mafiosos eran necesarios para evitar que el comunismo invadiera a Italia.

Esa fue la lógica perversa que gobernó a mi país de origen. Fue un discurso que no impulsó la democracia en Italia sino que la defraudó.

Cuando se cayó el muro de Berlín, la relación entre mafia y política empezó a salir a flote e involucró a los niveles más altos del gobierno italiano. Los ciudadanos honestos descubrieron lo que ya sabían: en nombre del anticomunismo, el Estado se había convertido, en muchas oportunidades, en un actor criminal. No es casualidad que la gran investigación de los fiscales de Milán contra la corrupción, llamada Manos Limpias, coincidió con el fin de la Unión Soviética; la financiación ilegal de la política se había quedado sin la justificación que la había legitimado.

Las lógicas perversas de la Guerra Fría también condicionaron la vida democrática de Colombia. La guerra en contra de las guerrillas ha justificado las alianzas más horrorosas del país, haciendo surgir una máquina de muerte que ha unido en un proyecto político a narcotraficantes, élites bogotanas y tradicionales, y empresas. La corrupción ha alimentado a esta máquina que se materializó en los paramilitares.

Los acuerdos de paz le quitan a Colombia la narrativa justificadora que ha alimentado estas alianzas criminales y que se ha empoderado de las entrañas de la política y de la economía.

Hoy, el desafío histórico de Colombia es la renovación de la cultura y de la práctica política. Es un desafío que solamente la alianza de los honestos, independientemente de su ideología, puede enfrentar.

Este es el tiempo de los honestos de Colombia. Por eso, las próximas elecciones presidenciales, como todas las próximas elecciones locales, se tienen que convertir en una oportunidad que permita renovar la clase dirigente del país.

Por lo tanto, hoy tiene que nacer un proyecto político que ponga en el centro de la política a la persona humana. Porque si la persona humana está en el centro de la política (en lugar de unos intereses particulares), se rechazan la cultura y las prácticas del pasado para dar paso a una cultura y una práctica de la responsabilidad. Hoy ética, política y economía se tienen que dar la mano.

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