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La arenga de Iván Cepeda contra Álvaro Uribe

Aldo Civico
23 de septiembre de 2014 – 09:09 p. m.

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¿Fue necesario y útil el debate que el senador Iván Cepeda lideró la semana pasada sobre los vínculos del expresidente Álvaro Uribe con el paramilitarismo? Le he dado vueltas a esta pregunta mientras escuchaba el debate y tengo mis dudas.

No se me escapa el valor político y la importancia simbólica del debate promovido por el senador Cepeda: debatir en el Senado un tema tan crítico como lo es la relación entre un expresidente y el paramilitarismo en Colombia, cuando hace algunos años esta misma institución acogió y escuchó a tres prominentes líderes paramilitares. Entiendo la importancia que Iván Cepeda le da al debate sobre la correlación entre el paramilitarismo, que además de ser un proyecto militar fue también un proyecto político hegemónico, y un líder tan popular que moldeó el imaginario político de la última década en el país.

En cierta medida, el senador Álvaro Uribe me recuerda el ex primer ministro italiano Giulio Andreotti. Durante años, los fiscales antimafia de Palermo trataron de demonstrar la relación entre Andreotti y la Cosa Nostra. Así como Uribe es cercano, y hasta familiar, de parapolíticos, Andreotti tenía estrechas relaciones con líderes políticos y empresarios, quienes eran reconocidos socios de la mafia siciliana. Al igual que hoy hay exparamilitares que acusan a Uribe de estrechos vínculos con las Auc, en Italia varios mafiosos acusaron a Andreotti de ser un miembro de la Cosa Nostra.

Finalmente los jueces no condenaron a Andreotti, no porque él no haya tenido relaciones con la Cosa Nostra, sino porque el delito había caducado. El hecho de que no se haya podido establecer una verdad jurídica completa no significa que no se pueda afirmar una verdad histórica. La responsabilidad política e histórica no siempre se refleja en la verdad jurídica. Por eso, entiendo las intenciones que tuvo el debate promovido por el senador Cepeda.

Mis dudas tienen que ver con los tiempos y el tono del debate. Seguir señalando al expresidente, casi de manera obsesiva, de paramilitar, es seguir alimentando una dialéctica que termina fortaleciendo a Álvaro Uribe y radicalizando su componente político. Alimenta la paranoia, que existe en algunas partes del país, de que el proceso de paz llevará a Colombia al castro-chavismo. Congela a Colombia en su historia de violencia en lugar de transcenderla.

Estoy de acuerdo con León Valencia cuando escribe que Colombia necesita a Álvaro Uribe para la reconciliación. Hay un tiempo para cada cosa, dice la Biblia. Hay un tiempo para demoler y un tiempo para construir. Un tiempo para amar y un tiempo para odiar. Un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz. Hoy en Colombia ha llegado el tiempo de construir, de amar, y de hacer la paz.

Eso no significa olvidar y renunciar a la búsqueda de la verdad y de las responsabilidades. Más bien, significa buscar la verdad desde un marco de la reconciliación. En este sentido, el debate de Cepeda ha sido una oportunidad perdida. Fue más de lo mismo y no un acto creativo e innovador, capaz de romper con patrones del pasado, proyectando a Colombia hacia un futuro distinto.

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