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La gran novedad que destacan los diálogos de Cuba

Aldo Civico
04 de junio de 2013 – 06:40 p. m.

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El acuerdo que el Gobierno y las Farc lograron sobre el desarrollo agrario no es solamente histórico por ser el primer acuerdo político en 30 años de diálogos abortados, la novedad más significativa es el cambio sustancial en las partes negociadoras que destaca este primer acuerdo.

Cuando la noticia fue anunciada en los medios, fui a buscar el documento constitutivo de las Farc: el Programa Agrario promulgado el 20 de julio de 1964. Al comienzo se lee que el documento fue proclamado “en el fragor de la lucha armada de Marquetalia” y que la tierra es la razón de ser de esta guerrilla.

“Luchamos por una Política Agraria que entregue la tierra del latifundio a los campesinos”, se lee en el documento. Las Farc se alzaban en armas en pro de una política agraria revolucionaria “que cambie de raíz la estructura social del campo colombiano”. ¿El método? “La confiscación de la propiedad latifundista”, al igual que “de las tierras ocupadas por compañías imperialistas norteamericanas”. La invitación que hacían a las masas campesinas era contribuir “decididamente a la destrucción del latifundio”.

Por la información que tenemos hoy, ¿qué tanto hay de estos métodos revolucionarios en el acuerdo sobre tierras? Ninguno. De hecho, el comunicado habla de acceso a la tierra “con equidad y democracia” que, entre otras cosas, significa también no confiscar la propiedad privada adquirida legalmente. En el abandono de los métodos revolucionarios se encuentra una de las novedades más importantes y el gran avance de estos diálogos. De ser una organización revolucionaria armada, las Farc pasarían a ser una fuerza política reformista.

Pero las novedades no están solamente en el lado de las Farc. Leyendo el comunicado a contraluz se vislumbra una fuerte voluntad política del Gobierno para remediar graves atrasos históricos (hay un mea culpa implícito) y emprender las reformas necesarias para modernizar el país y asegurar mayor equidad en el campo. El listado es largo: acceso a la tierra para los habitantes del campo sin tierra o con tierra insuficiente; asistencia técnica, capacitación y educación, protección social y erradicación del hambre, entre otros. Muchos de estos puntos no son ajenos al programa agrario de las Farc de 1964. En otras palabras, desde una limitada idea de “consolidación”, el Estado colombiano adoptaría una noción de “reconstrucción” del país. Ésta también sería una novedad bienvenida.

Es cierto, como lo han subrayado las partes, “que nada está acordado hasta que todo esté acordado”. Pero una cosa está emergiendo desde los diálogos de La Habana: se están construyendo las bases para un proyecto político y económico con espíritu moderno y reformista que sitúa en el centro las necesidades de la gente común en el campo y las ciudades, creando oportunidades. El cambio desde una práctica feudal de la política y de la economía hacia una concepción moderna y reformista es la transformación que podría resultar de este proceso de paz. Ojalá.

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