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Medellín y sus jóvenes

Aldo Civico
12 de agosto de 2014 – 10:46 p. m.

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Acompañado por la directora del programa de maestría en negociación y resolución de conflictos de Columbia University, Beth Fisher-Yoshida, en estos días he recorrido los barrios de Medellín, conociendo los procesos juveniles de la ciudad. Nos quedamos con esta impresión: que los líderes juveniles de Medellín hoy representan una ruptura sin reversa con el pasado.

Para respaldar estos procesos juveniles, la política (empezando por la administración del alcalde Aníbal Gaviria) tiene que respetar su independencia, apoyarlos, sin caer en la tentación de cooptarlos y de ocupar sus espacios —lo que termina por condicionar estos liderazgos positivos y por sofocar procesos de participación y de democracia.

Es claro que Medellín es una ciudad de contrastes. Mientras seguimos conociendo historias de desplazamientos masivos de familias, y de niños y jóvenes que no pueden ir al colegio a causa de las balas, o de explosivos en diferentes partes del centro, hay otra Medellín construida desde las ideas, las iniciativas sociales y la capacidad de resistencia, y en esa Medellín los jóvenes han sido los verdaderos protagonistas.

En los 90, indiscutiblemente la época más dura de esta ciudad, se comenzaron a gestar en muchos barrios de la ciudad iniciativas que construían otra cara de ésta, donde su mayor apuesta fue y ha sido la de generar otras opciones de vida y alejar el miedo que se sentía en las calles. Muchos cuentan cómo Barrio Comparsa formaba niños y jóvenes, y rompía las fronteras impuestas por el terror con el poder de sus tambores, chirimías, zancos y mimos. Así lo hicieron muchos.

Años después, lo que sería una señal de esperanza para la ciudad se ha convertido en una práctica recurrente de los jóvenes, que se niegan a tener que encerrarse en sus casas y pensar en el no futuro. Ciudad Frecuencia, AK 47, Movimiento Juvenil de Castilla, Casa Kolacho, Graffiti de la 5, Son Batá, Cultura y Libertad, y muchos más que se escapan de estas líneas, y que no sólo son artistas, también los hay quienes desde el deporte, la ciencia, el cuidado del medio ambiente y la promoción de derechos humanos inciden directamente en las realidades de sus barrios y por ende en las de la ciudad.

En cada rincón de Medellín existe gran cantidad de expresiones juveniles dispuestas a cambiar vidas, y podrían existir muchas más.

Lo increíble es que las ideas y los sueños de este tipo de iniciativas cargadas de tanta pasión sigan gestándose “con las uñas”, y en cambio los grandes eventos de la Alcaldía de Medellín sean pomposos, excesivamente financiados y cargados con toda la atención mediática. Allí hay que recordar que los gobiernos son transitorios, pero los procesos en los territorios son continuos.

Esta semana se celebra en todo el país la Semana de la Juventud, y en Medellín se ha planteado una pregunta para la ocasión: ¿qué jóvenes para qué ciudad? No tengo la respuesta, pero estoy seguro de que si la administración de Aníbal Gaviria prestara, como me lo han reclamado muchísimos jóvenes en estos días, más atención a estas expresiones juveniles y a las iniciativas que desde allí se tejen, estos jóvenes tendrían la oportunidad de construir esa respuesta, y por consiguiente seguir construyendo la otra Medellín.

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