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Para el presidente Santos

Aldo Civico
21 de junio de 2016 – 09:00 p. m.

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El presidente Santos se hizo un tremendo autogol al afirmar que si no se firma la paz, las Farc volverían a la guerra urbana.

Fue un momento muy desafortunado y que, una vez más, resaltó una gran debilidad de este proceso de paz: la falta de una narrativa y de una estrategia de comunicación por parte del Gobierno.

No es sólo un detalle. La comunicación es un eje central en un proceso de cambio. La paz no es, ni puede ser, solamente un acuerdo redactado con un lenguaje burocrático y frío. La paz debería evocar también emociones positivas y motivadoras. En Colombia esto aún no se ha logrado. La impresión es que la paz no motiva.

Las recientes declaraciones de Santos sólo alimentan el escepticismo y la resistencia en contra del proceso de paz, dejan la impresión de que las Farc se fortalecieron durante los últimos cuatro años, y terminan dándole la razón a las críticas furiosas del expresidente Uribe. En otras palabras, es un desastre.

Por el contrario, una estrategia de comunicación debería empezar por reconocer las tensiones culturales que existen hoy en el país alrededor de la paz. El ansia y el escepticismo son profundos. No hay una memoria del pasado que se pueda evocar y que pueda sustentar la fe en la paz. Lo conocido y lo familiar son la guerra y la violencia.

Por eso, se vuelve urgente construir una memoria del futuro. Mi amigo John Paul Lederach, el experto mundial en construcción de paz, diría que hay que generar una imaginación moral. O sea, crear la visualización de un futuro apetecible.

Para lograr esto, además de reconocer y entender la tensión cultural existente hoy, hay que construir una narrativa que pueda transcender esta tensión, ofreciendo la visión de un futuro posible y deseable. En otras palabras, hoy se necesita una ideología de la paz que suplante la ideología de la guerra, la cual sigue alimentando el discurso político, los comportamientos sociales, y hasta forja sentimientos.

Finalmente, para comunicar una narrativa de paz, hay que anclar el lenguaje en una subcultura o un movimiento social dentro del cual se ambiente esta narrativa y que proporcione las “materias primas” para la innovación cultural necesaria. Sigo pensando que el deporte, con el éxito de la selección de Colombia y de grandes figuras como James Rodríguez y Esteban Chávez, puede ofrecer esta subcultura llena de metáforas y de una simbología capaz de crear la experiencia de una memoria futura y una imaginación transformadora.

No se trata de vender el proceso de paz. No se trata de convencer a los colombianos de que el acuerdo con las Farc es necesario y bueno para el país. Eso no es suficiente y además es un paradigma de comunicación anticuado y obsoleto. Hoy Colombia necesita mucho más. Se necesita una comunicación radicada en una estrategia cultural capaz de innovación.

El diseño de esta estrategia no puede ser un apéndice de la estrategia del presidente Santos. Ya es hora de que eso se convierta en un eje central.

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