Publicidad

Poder y amor

Aldo Civico
28 de febrero de 2012 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

¿Qué es lo que Colombia necesita para salir de su destino de guerra y violencia?

El décimo aniversario de los diálogos del Caguán ha suscitado una avalancha de análisis, pero muy pocas ideas innovadoras. Para lograr la paz, Colombia necesita imaginación, soluciones creativas y metodologías innovadoras.

Un buen lugar para comenzar es el libro de Adam Kahane, Poder y amor, que fue presentado la semana pasada en Bogotá. Para el autor, imaginación, creatividad e innovación se dan cuando poder y amor están en equilibrio. El poder es la capacidad para lograr un objetivo. Pero el poder sin amor, señala Kahane, es desconsiderado y abusivo. ¿No es la historia de Colombia, en muchos sentidos, la triste demostración de un poder degenerativo?

¿Y el amor? El amor sin poder, dice Kahane, es estéril. Pero un amor generativo reconoce, respeta y ayuda a los demás. Este amor une lo que está separado. Así cuando poder y amor se combinan, generan el cambio social.

La reinterpretación de Kahane de “poder y amor” ofrece hoy una herramienta útil para reflexionar sobre los escenarios que salieron de los talleres de Destino Colombia en 1997, promovido por el hoy presidente Santos. Facilitado por Kahane, el ejercicio contó con la participación de 43 dirigentes colombianos, incluidos miembros de los grupos paramilitares, así como de las Farc y el Eln. En los últimos 15 años, algunos de los escenarios planteados se convirtieron en realidad.
“Más vale pájaro en mano que ciento volando”. Este es fue el escenario del gobierno Pastrana. Motivados por el miedo de perderlo todo, el Gobierno y la sociedad civil percibieron el diálogo con la guerrilla como la única salida posible. Pero importantes sectores de Colombia, resentidos, rechazaron el proceso, que fue percibido como una muestra de debilidad. Y así, mientras el Gobierno negociaba con las Farc en el sur, el movimiento paramilitar se extendió en el norte.

“¡Todos a marchar!”. Frustrados, los colombianos, eligieron a un líder con un puño de hierro. El gobierno de Uribe encarnó este escenario. Hizo hincapié en la seguridad basada en la fuerza. Los avances fueron opacados por graves abusos a los derechos humanos. Los “falsos positivos” son un ejemplo atroz.

“La unión hace la fuerza”. Este es el último escenario imaginado por Destino Colombia. El que falta por realizar y que el presidente Santos tiene la ambición de concretar. Dice el documento de 1997: “Han descubierto los colombianos que los intereses compartidos y las tareas que se cumplen con el concurso de muchas manos, los fortalecen, porque, más que las armas, o el dinero, o las leyes, a las sociedades, les dan vigor los sueños, los trabajos y los logros puestos en común”.

Este escenario requiere el equilibrio entre poder y amor. En otras palabras, requiere la capacidad de imaginarse en una red de relaciones que incluyen también al enemigo. Requiere pasar de la fuerza a la justicia social, de la limpieza a la inclusión. Requiere, como Destino Colombia afirmó, de “una enorme fe en nosotros mismos y el cambio de una vieja manera de ser”. Combinando poder y amor, se puede lograr.

Twitter: @acivico

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido