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¿Qué está haciendo la Fiscalía con el caso de Sergio Urrego?

Aldo Civico
19 de abril de 2016 – 03:08 p. m.

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¿Le está dando la Fiscalía un manejo eficaz e inteligente al caso de Sergio Urrego?

Observadores en Colombia y en Washington se están haciendo esta pregunta, dado que el proceso parece estar estancado, en un caso que no puede quedar en la impunidad.

Los medios resaltaron la decisión de Sergio, de solo 16 años, de quitarse la vida, después de haber sufrido persecución por los directivos del colegio Castillo Campestre. Sobre todo se hizo énfasis en el episodio que ha sido percibido como central en el caso: un beso que Sergio y un compañero intercambiaron dentro de la institución educativa. El episodio desencadenó una serie de acciones persecutorias por parte de la directora Amanda Azucena, las cuales llegaron a forzar a los padres del compañero de Sergio a denunciarlo por acoso sexual. Fue poco después de enterarse de esta denuncia que el menor se quitó la vida.

Lo más grave es que la intolerancia y discriminación en contra de Sergio no surgieron solamente a raíz del beso, sino más bien fueron expresión de un patrón persecutorio que empezó mucho antes y que no se limitó a la orientación sexual de Sergio.

De hecho, los problemas con Sergio empezaron cuando, durante una reunión de padres de familia, enfrentó la directora por el precio excesivo de los uniformes escolares. Sergio la confrontó argumentando que ella no había tenido en cuenta la cotización presentada por los padres, y en cambio impusó la cotización del colegio que fue la más costosa ($150.000). Para la directora este fue un acto de subordinación.

Por ser líder, y animado por un sentido de justicia, Sergio evidenció otros problemas que él había identificado en el colegio. De hecho, en un documento Sergio denunció otras negligencias de la institución. Entre otras, por ejemplo, destacó que “es obligatoria la asistencia a los actos religiosos, sin considerar el credo o pensamiento ideológico que tenga la persona”.

A las críticas legítimas de un menor, los adultos respondieron reprimiéndolo. Le dijeron que lo separarían de su madre y lo entregarían a Bienestar Familiar. No le reconocieron, ni premiaron, las excelentes calificaciones, ni el hecho de que había quedado entre los mejores en el examen ICFES. Le negaron la promoción. Finalmente, cuando la oportunidad se presentó, se metieron con su intimidad. Lo que Sergio padeció es mucho más que matoneo. Esto fue un acto de venganza perpetrado por unos adultos contra un menor.

No fue solamente la orientación sexual la causa de la discriminación que Sergio padeció por los directivos de su colegio. Sergio era mucho más que su orientación sexual. Fue un líder, sumamente inteligente, con el coraje y el atrevimiento de expresar la independencia de sus ideas y pensamientos. Los adultos, que tenían la responsabilidad de educarlo, no supieron estar a su altura y lo reprimieron.

Es sobre la totalidad del abuso padecido por Sergio que la Fiscalía tiene que hacer claridad y hacer justicia. Lo tiene que hacer con compromiso y con firmeza.

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