Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
EN LAS DOS ÚLTIMAS SEMANAS SE ha realizado la Semana por la Memoria, evento en el que la Comisión de Memoria Histórica de la CNRR presentó, además del informe La masacre de El Salado, Esa guerra no era nuestra, el documento Recordar y narrar. Herramientas para reconstruir memoria histórica y el estudio sobre Despojo de tierras y territorios. Aproximación global.
El primero es una extensa y exhaustiva reconstrucción sobre una de las masacres más emblemáticas de nuestra historia reciente, y que aún espera la acción eficaz de la justicia. El segundo es una cartilla destinada a ser utilizada por el creciente número de gestores de memoria que hoy intentan reivindicar a sus muertos, recuperar sus territorios y rehacer sus comunidades destruidas por la acción paramilitar. El tercero es un estudio detallado sobre las estrategias a las que los terratenientes y otros avivatos recurren para despojar a los campesinos de sus tierras mediante múltiples trucos que se traducen en formas de despojo.
El informe sobre El Salado conmueve por su carácter preciso, crudo, detallado, de la manera como 450 paras asesinaron en febrero de 2000 a 60 campesinos inocentes por el simple hecho de que por esos territorios circulaban guerrilleros de las Farc: eso los hacía culpables y los convertía en sujetos de una carnicería atroz. Hombres y mujeres fueron asesinados en la cancha de fútbol, ante las miradas de los habitantes locales y al son de tamboras. Uno de los rasgos más sobresalientes del informe es su carácter de producto de la memoria de los testimonios de los sobrevivientes, quienes con esta narración esperan reivindicar a sus parientes y amigos, reconstruir su comunidad destruida y obtener justicia y reparación, ya que la acción oficial ha sido casi nula.
En el lanzamiento del libro se hicieron presentes algunas de las víctimas, y sus discursos, más que una diatriba contra los hechos, fueron una reiteración de su inocencia y su esperanza de que puedan reconstruir un pueblo que era próspero, pacífico, alegre y trabajador.
El vicepresidente Santos también habló, y al manifestar su repudio por los hechos, se mostró compugido, criticó severamente la acción paramilitar y la estulticia y abulia con la que el Estado ha enfrentado éste y otros casos de barbarie.
Yo le creo a Santos su sincera expresión de horror. Creo que es sincero cuando repudia la violencia, cuando reconoce la irresponsabilidad estatal y cuando pide perdón. Lo malo del asunto es que su discurso es muy parecido al que pronunció hace un año, cuando se publicó el informe sobre la masacre de Trujillo. Pues bien, a pesar de su sinceridad y buenas intenciones, y de que el Procurador Maya convirtió las recomendaciones en la directiva 0019, que se supone debe tener alguna capacidad de forzar las acciones estatales de reparación, hoy los representantes de las víctimas afirman que ésta ha sido casi inexistente. Copio de un informe reciente: “En general la Directiva 0019 no ha sido asumida con la responsabilidad y compromiso que se merecen las familias de las víctimas; por el contrario, vuelve a repetirse una afrenta contra su dignidad y derecho a una Reparación Integral”.