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Brexit – plebiscito

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Los excesos extremistas que han dominado la campaña por el “Brexit” son un manual de cómo una sociedad no debe tomar decisiones importantes. El mismo manual se está aplicando en la naciente campaña del plebiscito por la paz.

El problema de la campaña por el “Brexit” es que se la tomaron los populistas, que no permiten una discusión seria y ponderada de un tema que por su complejidad requiere análisis desapasionados. Los populistas conservadores han manipulado los hechos planteándolos en términos de miedo y odio para sacar al Reino Unido de la Unión Europea a punto de rabia.

Por ejemplo, muchos líderes y expertos mundiales envían razones de mucho peso a los británicos para no abandonar la Unión. Barack Obama, el principal aliado del Reino Unido, es uno de ellos. Sin embargo, el exalcalde de Londres y líder populista del “Irse” —Boris Johnson— respondió que no hay que creerle a Obama porque es “mitad keniano”, insinuando que el presidente norteamericano busca proteger la inmigración de africanos. El mismo Johnson había pedido hace unos años una amnistía para los inmigrantes, pero ahora cambia de tesis por conveniencia política.

La pregunta es si es posible que las sociedades tomen decisiones racionales sobre temas tan contaminados de prejuicios y preconcepciones. Jonathan Haidt, profesor de ética de los negocios en la Universidad de Nueva York, considera que no. Sostiene que “solo en circunstancias muy especiales, las razones persuaden a otros en temas morales y políticos”, porque la “intuición es lo que más pesa en las creencias”. Que la “razón es mucho menos poderosa que la intuición”, por lo que en las discusiones entre personas de sectores políticos opuestos, sobre temas cargados de reacciones intuitivas, es “improbable ejercer alguna persuasión, no importa qué tan buenos sean los argumentos ni cuánto tiempo se le de al oponente para reflexionar sobre nuestra lógica”.

En el libro La hipótesis de la felicidad, Haidt planteó una metáfora que se ha convertido en una institución en los estudios de sicología política: la del elefante y su jinete. Refiriéndose al cerebro humano, plantea que el lado emocional es el elefante, y el lado racional el jinete. El jinete, quien lleva las riendas, es el líder. Pero en realidad es muy pequeño frente al tamaño del elefante. Si elefante y jinete discrepan sobre el camino a seguir, tiende a imponerse el gigantesco animal, lo que dificulta que el líder llegue al destino deseado. El elefante busca gratificación instantánea, mientras que el jinete diagnostica, decide a dónde ir, planea y se enfoca en el objetivo de largo plazo. Pero no puede llegar si el elefante no anda y, por su tamaño, no hay manera de forzarlo. Para llegar al destino, jinete y elefante deben coincidir. Por eso, dice Haidt, “si quiere persuadir a alguien, háblele primero al elefante, dispare las intuiciones correctas primero”.

El populismo de derecha que ataca solamente al “elefante” de los ciudadanos recorre al mundo, especialmente Estados Unidos con Donald Trump, pero también Rusia, Austria, Turquía. Llevo años sosteniendo que a Colombia llegó hace más de una década y que lo que observamos hoy es su lucha por sobrevivir. Por eso la campaña por el plebiscito seguramente superará el torpe manual del “Brexit”.

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