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¿Cuáles instituciones viola la reelección?

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¿POR QUÉ LAS DISCUSIONES SOBRE LA reelección no llegan a ninguna parte? Porque son un diálogo de sordos en que los opositores plantean el debate sobre los aspectos formales de la reelección —el referendo y los contrapesos democráticos—, mientras que los reeleccionistas lo hacen sobre los fines —la derrota de las Farc.

El debate formal es ineficaz porque los reeleccionistas responden que están respetando las formas institucionales. Para los opositores, respetar las reglas es no cambiarlas por el camino, y para los reeleccionistas, es cambiarlas respetando el procedimiento previsto en la Constitución. Pero las instituciones no son solamente formales. Según una definición del Banco Mundial, están constituidas por normas formales (Constitución, leyes) o informales (valores, costumbres o reglas aceptadas).

El problema de la reelección es de valores, y por ende de fondo, de filosofía política. Como lo es toda la discusión sobre la conveniencia o no de la doctrina uribista. En la sociedad colombiana hay hoy una profunda confrontación entre los valores utilitarios del uribismo y sus mayorías, enfocados en resultados, y la concepción moral garantista de unas minorías que miran aterradas como el “interés superior de la patria” se convirtió en patente de corso para relativizar los principios de democracia y equidad.

En política, la concepción utilitarista desemboca en el derecho de la mayoría a imponer su voluntad sobre la minoría. Aunque en apariencia ese es un criterio democrático, contradice la filosofía garantista de respeto a los derechos de todos los ciudadanos, que no solamente es una concepción más moderna y profunda de la democracia, sino la acogida por la Constitución de 1991. La consagración constitucional de los derechos en la Carta del 91 no es un saludo a la bandera como creen los utilitaristas, sino el cimiento filosófico que sostiene el andamiaje institucional vigente. Por eso la democracia participativa colombiana no puede entenderse como una autorización de la dictadura plebiscitaria.

El debate sobre si la reelección respeta o no las instituciones es inocuo, porque éstas incluyen también los valores arraigados de las mayorías, que son los mismos de Álvaro Uribe, preocupados solamente por los resultados. Por eso Uribe afirma que las instituciones se han fortalecido durante su mandato.

El pensamiento moral de los seres humanos no es resultado exclusivo del raciocinio, sino que está antecedido por las emociones. Por eso los valores actuales de las mayorías coinciden con el corte transaccional del liderazgo del Presidente, que contrariamente al transformacional, responde al apremio inmediato de los ciudadanos ofreciéndoles resultados a cambio de su apoyo.

La concepción de autoridad que encarna Álvaro Uribe se ha hecho parte de las propias instituciones, por vía de los valores predominantes en la sociedad colombiana. Por eso el problema político de fondo actualmente en Colombia, es la desconexión entre las reglas institucionales formales y las informales. Entre la filosofía garantista de la Constitución y la utilitarista del uribismo. El divorcio ideológico entre la Constitución vigente y la filosofía política imperante. Esa contradicción hace inevitable que tarde o temprano el uribismo abandone su impotencia reformista y persiga con ardor una reforma constitucional de fondo. Especialmente si Uribe abandona la presidencia para gobernar desde su partido hegemónico.

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