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Los problemas tienen soluciones técnicas o adaptativas. Los primeros se manejan con autoridad o experticia, los segundos, con liderazgo.
Por décadas el problema más doloroso de Colombia ha sido la violencia. Es posible que la razón por la que no se haya solucionado sea que se ha diagnosticado como un problema técnico (las Farc y el Eln), cuando en realidad es uno adaptativo (cultural). Es comprensible que así fuera porque los problemas adaptativos son difíciles de identificar.
El ejemplo clásico del reto adaptativo versus el técnico es el de los conductores embriagados. Es un problema que deja cientos de miles de muertos al año en el mundo. La solución técnica que intentaron la mayoría de países fue incrementar las penas. En la mayoría de países la medida no dio buenos resultados en el largo plazo, porque conducir embriagado es parte de una cultura: lo hacen los padres, los amigos, lo ha hecho la persona a veces por décadas. La solución adaptativa es más difícil, pero más efectiva: elevar la conciencia pública sobre los peligros y los efectos de manejar embriagado, especialmente en los jóvenes. Es decir, hacer conciencia de que el problema es una cultura que promueve el licor y la embriaguez, y no sólo de unos “alcohólicos irresponsables” a los que se debe castigar como asesinos.
La violencia en Colombia puede ser más la consecuencia que la causa del problema. La causa puede ser más cultural que exógena, como mostró el exagerado número de muertes por la celebración de los triunfos de la selección de Colombia en Bogotá. Tendemos a pensar que la violencia en Colombia es tan alta comparativamente por culpa de las guerrillas, cuando en realidad la violencia política es menor a la producida por el crimen organizado y los ciudadanos comunes.
Tanto la narrativa política de que los problemas colombianos se deben al terrorismo de las Farc, como investigaciones sobre violencia, han convertido en anatema el concepto de que ésta y la intolerancia han permeado gravemente la cultura colombiana, hasta el punto de que produce enormes dividendos políticos. Mientras no se acepte el diagnóstico correcto sobre la violencia, no es posible generar un consenso sobre cuáles son los mejores métodos para solucionarla.
Sólo cuando se acepte que la violencia es un reto adaptativo que implica un cambio cultural (rechazo a toda violencia), porque la solución técnica de tratar de apagar el fuego con más violencia (así ésta sea legítima, la del Estado) no ha funcionado durante 50 años, llegaremos a la conclusión evidente de que la salida es la reconciliación y no el odio frente a unos grupos guerrilleros que abandonarían la violencia.
Pero los cambios adaptativos requieren entender cómo manejar las pérdidas que ocasionan los cambios a las personas, porque éstas quieren cambios, lo que no quieren son los costos de ese cambio. Según Ronald Heifetz y Martin Linsky, los retos adaptativos requieren tres acciones humanas: encontrar qué preservar de las prácticas pasadas, encontrar qué descartar de las prácticas pasadas e inventar nuevas maneras de construir a partir de lo mejor del pasado. El verdadero reto de liderazgo de Colombia hoy es encontrar y comunicar adecuadamente la narrativa de un cambio adaptativo frente a la violencia.