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¿La seguridad justifica la reelección?

Alvaro Forero Tascón
28 de diciembre de 2008 – 06:15 p. m.

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SUPUESTAMENTE EL FIN QUE JUSTIfica la segunda reelección es la continuidad de la seguridad democrática. Limitar aún más la democracia tendría un fin “justo”: ganar la guerra contra las Farc. Por tanto, el recurso a vías de hecho para instaurar la reelección estaría amparado por un principio moral reconocido por la filosofía, que es la guerra justa, amparada por el derecho de una sociedad a la defensa propia.

Pero la sociedad ha reconocido igualmente que las guerras, para ser justas, deben respetar unos principios, so pena de que cada conflicto devuelva la civilización al estado primitivo de la ley de la selva. El principio de que no todo vale para ganar una guerra ha evolucionado hasta convertirse en las teorías del jus ad bellum (derecho a hacer la guerra), y el jus in bello (a lo que se tiene derecho hacer en la guerra).

La principal condición del jus ad bellum es que la autoridad que libra la guerra sea legítima, y en la sociedad moderna sólo es legítima la autoridad plenamente democrática. Por eso la discusión sobre los medios que se están utilizando para alargar el mandato de Álvaro Uribe no es formal, sino que va al corazón del fin que persigue: la capacidad de derrotar a las Farc. Para ganar una guerra se necesita consenso social sobre cómo hacerlo. Ese consenso ha existido hasta ahora, pero seguramente se fraccionaría si al 47% de los colombianos que no está de acuerdo con la reelección inmediata del Presidente, se le impone la tesis cuestionable de que solo Uribe es capaz de alcanzar la paz.

Ningún aspecto se vería tan lesionado con la fractura de la legitimidad política de Álvaro Uribe, como su política de seguridad. Porque de la legitimidad de la autoridad que libra la guerra depende también la ayuda militar norteamericana, el rechazo internacional a las aspiraciones de beligerancia de las Farc, la conformidad de las empresas con los impuestos de guerra, la comprensión pública frente a tragedias como las “ejecuciones extrajudiciales” y hasta la defensa jurídica del presidente Uribe frente a futuras persecuciones judiciales internacionales.

Una sociedad dividida pierde la fuerza para enfrentar una guerra, y nada desune más a los ciudadanos que la falta de consenso frente a la legitimidad de un gobierno. Con el antecedente de la yidispolítica, de la sentencia de la Corte Constitucional contraria a un tercer mandato y con el paralelo del proceso reeleccionista de Hugo Chávez como marco, el cambio de la pregunta del referendo, el desconocimiento de que la opción de 2010 había sido negada definitivamente en la Comisión Primera de la Cámara, la convocatoria irregular de las sesiones extras, la financiación ilegal de la recolección de cifras y la presión indebida del Ejecutivo, una reelección impuesta de Uribe no sólo carecerá de reconocimiento amplio, sino que les daría a las Farc la disculpa de combatir un gobierno ilegítimo.

Una de las condiciones fundamentales del jus in bello es la proporcionalidad de los medios utilizados para alcanzar el fin. Es decir, el remedio no debe crear un estado de cosas igual o peor que la enfermedad. La reelección a la brava de Álvaro Uribe produciría un problema proporcional al de la violencia política: la carencia de legitimidad para enfrentarla eficazmente.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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