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Lecciones lejanas

Alvaro Forero Tascón
27 de noviembre de 2011 – 06:00 p. m.

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A pesar del optimismo casi generalizado frente a los posibles impactos de la crisis económica mundial en Colombia, los analistas aceptan que el país debe prepararse. La pregunta es cómo hacerlo, y la respuesta depende del diagnóstico que se haga de la crisis.

Algunos consideran que la crisis es financiera y por ende basta con hacer ajustes financieros, para lo cual Colombia tiene buen margen monetario y fiscal. Sin embargo, lo que sostienen los manifestantes de Wall Street es que la crisis financiera no es la causa del problema sino una expresión del verdadero responsable: el modelo de desarrollo reaganiano. Jeffrey Sachs sostiene que la Era Reagan equivocó el diagnóstico (el problema son el Estado y los impuestos), dejando un crecimiento económico desbordado para el 1% de la población y al resto en medio del desempleo y el estancamiento de los ingresos. Y que al igual que en los dos episodios pasados de excesos de desigualdad, inestabilidad y corrupción —la Gilded Age del siglo diecinueve y los Roaring Twenties anteriores a la crisis del 30— se viene una corrección histórica de corte progresista para restablecer la democracia y la prosperidad compartida.

Un país como Colombia, que ha reproducido el modelo de desarrollo estadounidense de los últimos treinta años, que aqueja unos síntomas mucho más graves que los norteamericanos en materia de desigualdad, y tiene una grave situación de informalidad laboral y pobreza, mal haría en desestimar las lecciones sociales y políticas de la crisis internacional. La pregunta que hay que hacerse es, ¿el Gobierno Santos está haciendo sólo algunos ajustes al modelo de desarrollo heredado de Álvaro Uribe, o se trata de cambios de fondo? No hay duda de que son de fondo en materia política e institucional, pero en los aspectos económicos y sociales la distinción no es tan evidente, a pesar de que el proyecto político de Santos se llama “Prosperidad para Todos” y el plan de desarrollo está enfocado en atacar los dos problemas centrales del modelo —reducir la pobreza y producir empleo— además de la seguridad. También es un hecho que el Gobierno Santos ha hecho avances, desde la reducción del desempleo debajo del 10%, hasta una política mejorada en materia laboral gracias a las condiciones impuestas en el TLC, la ley de primer empleo, y la creación del Ministerio de Trabajo. Y que la nueva repartición de las regalías, la Ley de Víctimas y de Restitución de Tierras, los avances en salud, la nueva política para la primera infancia, entre otras, buscan mejorar la situación social. Y que ha eliminado los excesos tributarios de la década pasada. Sin embargo, el modelo de Santos tiene un énfasis mayor en el crecimiento que en la equidad.

Pero ante el fracaso del modelo de la socialdemocracia europea no hay fórmulas integrales. En medio de la confusión en que se encuentra el mundo, queda sólo una conclusión: que los modelos pragmáticos, que combinan objetivos progresistas con métodos de centro, como el brasilero, y hace unos años el de Clinton o el de Blair, consiguen mejores resultados que los inflexibles, basados en dogmas ideológicos, lo que le daría a los poco vistosos cambios introducidos por Santos el beneficio de la duda. Ojalá consigan buenos resultados.

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