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¿Líderes uribistas?

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EN POLÍTICA HAY LÍDERES Y SEguidores, y en el uribismo hay un solo líder, omnisciente además. Esto deja a los precandidatos uribistas en condición de simples seguidores, que es muy difícil políticamente porque nada ansían más los electores que sentirse liderados.

El hecho de que las encuestas no perfilen a un líder auténtico del uribismo, no obedece a la difícil tarea de calzar los grandes zapatos del Presidente, sino a que Uribe no solamente es el líder de los aspirantes, sino su competidor. La indefinición del Presidente frente a la reelección es interpretada por sus seguidores más fieles como falta de confianza en los dotes de liderazgo de sus lugartenientes, frente a lo cual éstos están en una sin salida.

Aquellos que se precipitan a lanzarse, como el ex ministro de Agricultura, dejan expuesta su carencia de visión política propia, que es la esencia del liderazgo. Y muestran la falta de consistencia de su aspiración, porque tienen que advertir que claudicarán ante el primer llamado del líder. Y quienes aguardan resignadamente la decisión del jefe, muestran falta de determinación, de ideas propias y de vocación de servicio, que es el otro elemento esencial del liderazgo.

Pero aun si Uribe decidiera no reelegirse, será muy difícil para los precandidatos convencer a los colombianos de su atractivo político, porque seguramente Uribe apoyará varios candidatos, o ninguno. El Presidente sólo se jugará a fondo en la segunda vuelta, cuando los candidatos ya estarán desgastados por la humillante competencia por quién encarna mejor al líder, y con poca credibilidad entre los electores para construir una imagen de liderazgo propio.

Y convencer al electorado que se es un legítimo sucesor de Uribe sin proyectar una gran capacidad de liderazgo es un oxímoron, porque los colombianos están acostumbrados a las condiciones de liderazgo excepcionales del Presidente. La profunda personalización de la política que ha impuesto Uribe, no sólo les hace una enorme sombra a los aspirantes, sino que eliminó el mecanismo tradicional de sucesión política —el partido político fuerte—.

Porque las candidaturas sin altos niveles de liderazgo funcionan en sistemas políticos hegemónicos, como fue el PRI en México, o en elecciones que se deciden por descarte, como recientemente en Perú, o en momentos en que las sociedades prefieren la continuidad, como en el caso de Cristina de Kirchner en Argentina. Pero esos momentos requieren de un sistema partidista fuerte, o de gran polarización política, o de épocas de prosperidad y paz, condiciones que no se van a dar en la contienda presidencial de 2010. Por el contrario, está será la competencia electoral con más partidos, más tendencias y más candidatos en la historia de Colombia, y sucederá en medio de condiciones económicas difíciles por la crisis internacional, y de circunstancias políticas delicadas por la parapolítica.

Paradójicamente, el único camino que les deja el Presidente a los aspirantes para no renunciar al liderazgo político, es revelarse ante su aspiración reeleccionista, como Germán Vargas. De lo contrario, terminarán convertidos en grises Medvedevs.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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