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Paz idealista, paz realista

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Todos los colombianos quieren la paz, pero unos no quieren la paz posible sino una ideal.

La paz realista está cerca, con todos sus costos y beneficios, mientras que la paz ideal está lejos, y al estarlo no genera beneficios, lo que termina haciéndola más costosa. La paz ideal está hecha de unos valores y unos trofeos que se consiguen más con la guerra que con la paz: la derrota del enemigo que permite reducirlo a la cárcel y castrarlo políticamente.

En política internacional existen dos teorías sobre cómo deben actuar los Estados en el escenario internacional: la idealista y la realista. La realista parte de que los Estados buscan ante todo su seguridad, y en la ausencia de una autoridad mundial que la garantice, los países viven en estado de naturaleza. Esa idea lleva al “dilema de la seguridad”, en que incrementar la propia seguridad genera mayor inestabilidad y riesgo de conflicto, porque el oponente se ve obligado a armarse aún más, lo que representa un juego de suma cero. Los realistas entienden que ante esa situación solo es posible lograr avances relativos, mediante la negociación y la disuasión. Que éstos, en apariencia más modestos, son capaces de generar verdaderos beneficios de paz y seguridad, mientras que los intentos por imponer totalmente los intereses propios sobre los de los oponentes, terminan generando mayores riesgos y eventualmente destruyendo la paz y la seguridad. Los realistas se opusieron, por ejemplo, a la invasión de Irak, entendiendo que la democracia no se impone a sangre y fuego, y que romper el equilibrio militar y político entre Irak e Irán era peligroso para todo el Medio Oriente.

La teoría idealista tradicional ha perdido vigencia, pero ha crecido una versión neoconservadora que pregona el imperativo moral de impulsar los valores universales de democracia, derechos humanos y derechos de las minorías. A nombre de esta tesis Estados Unidos invadió Irak y apoyó a los rebeldes que destronaron a Muamar Gadaffi, generando que hoy Libia sea un Estado fallido asolado por la violencia.

Guardadas las proporciones, se podría decir que la aproximación santista al conflicto armado con las Farc es realista, mientras que la uribista es de corte idealista. Eso explica que las partes cataloguen las posturas de los opositores de “entreguistas” y “guerreristas”, respectivamente. Los mismos calificativos se usaron contra Obama por el acuerdo nuclear con Irán, y contra Bush hijo por la invasión a Irak.

Históricamente los realistas han tendido a producir mejores resultados en materia de paz y seguridad, pero sus acciones suelen ser menos populares porque para resolver problemas complejos hacen concesiones que son vistas como debilidad. Las iniciativas idealistas consiguen inicialmente mayor apoyo popular y dan la sensación de firmeza en las convicciones de los líderes, pero tienden a ser menos efectivas y tienen el riesgo de agravar los problemas, como el militarismo occidental en el Medio Oriente.

Lo mismo sucede en Colombia. Aunque el anhelo de los colombianos es terminar el horror de la guerra, tiene menor apoyo popular el presidente Santos que está consiguiéndolo con la aproximación realista, que el expresidente Uribe que no lo logró, e insiste en la idealista.

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