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¿Política exterior antiterrorista o antidroga?

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EL GOBIERNO ACENTÚA CADA VEZ más el enfoque antiterrorista de su política exterior. Sin embargo, no hay evidencia de que esa estrategia sea exitosa, y sí la hay de que con el fin del gobierno Bush, tiende al anacronismo.

La conveniencia de enfocar la diplomacia en el antiterrorismo es discutible. Fuera de la región, el apoyo a las Farc no sólo es marginal, sino inmune al trabajo diplomático, dado que obedece a una afinidad ideológica de extrema izquierda. Es posible que con el énfasis antiterrorista, la política exterior colombiana pierda más de lo que gana, porque muchas cancillerías y sectores de la opinión pública mundial ven en el antiterrorismo a ultranza la mano odiada de George W. Bush.

A nivel regional, la mayoría de gobiernos latinoamericanos no apoyan genuinamente la obsesión antiterrorista colombiana, porque la perciben impuesta y enemiga de la paz. Luego de que con ella se afectó militarmente a países vecinos, y se le entregó a Estados Unidos una coartada demoledora para perseguir a Chávez, ha crecido la aprehensión del continente frente a la internacionalización del conflicto colombiano.

Por eso es inconveniente forzar a los países de la OEA a pronunciarse sobre el tema antiterrorista, llevando las disputas con Nicaragua, cuando hay suficiente evidencia de que unos lo evaden y otros lo rechazan. Sobre todo hacerlo utilizando el mismo tono altisonante e intromisivo que se pretende condenar.

La realidad es que la política exterior de los últimos seis años no ha logrado consolidar un apoyo efectivo más allá de Estados Unidos y, parcialmente, la Unión Europea. Los graves problemas regionales que enfrenta Colombia, lo demuestran. La crisis regional que produjo, pudo salvarse gracias a que el computador de Reyes sobrevivió al bombardeo, pero por esa vía está lejos de alcanzarse el verdadero objetivo de asegurar una cooperación efectiva contra la guerrilla por parte de los gobiernos Correa y Chávez.

La terminación del gobierno Bush exige buscar estrategias diplomáticas más sofisticadas. Si Barack Obama gana la presidencia, la actual política exterior sería ineficaz inclusive frente a Estados Unidos, que privilegiaría la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Es momento para que un canciller profundo como Jaime Bermúdez analice la conveniencia de regresar a la política exterior basada en presionar soluciones al problema de las drogas ilícitas que subyace al terrorismo colombiano, especialmente ahora que está comprobado el fracaso de la guerra contra el narcotráfico. Luego de insistir abnegadamente en la guerra antidroga durante los últimos veinte años, no es subversivo que Colombia proponga la búsqueda de soluciones reales.

No se trata de imponer una solución, que no existe porque está por construir, sino de apoyarse en el resto de Latinoamérica para presionar la priorización del tema en la agenda mundial, de la misma manera que otros países impulsaron la preocupación sobre el cambio climático. En este tema, a diferencia del antiterrorismo, los países latinoamericanos se sienten aliados de Colombia, no víctimas, lo que conseguiría mejorar la vital cooperación regional en materia de seguridad.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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