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¿Por qué Colombia no quiere cambios?

Alvaro Forero Tascón
13 de septiembre de 2009 – 08:22 p. m.

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¿QUÉ HACE QUE UNA SOCIEDAD cercada de problemas como la colombiana rechace el cambio?

¿Que luego del gobierno más largo en cien años las mayorías se aferren al statu quo y no busquen enfrentar los nuevos y graves desafíos que tienen por delante? Porque según el propio presidente Uribe, el propósito de la segunda reelección se limita a evitar retrocesos en materia de seguridad.

¿Quiere decir esto que los colombianos se sienten satisfechos con su realidad? Obviamente no. Las mismas encuestas que señalan el apoyo a la reelección muestran que son más los colombianos pesimistas sobre el futuro que los optimistas.

¿Qué está deteniendo entonces los inexorables ciclos de la política, si las condiciones actuales son diferentes, y en algunos casos opuestas, a las que propiciaron la llegada y la expansión del uribismo? No es el crecimiento económico, porque éste retrocedió hace meses. No es la seguridad, porque las encuestas muestran que ya no es la primera preocupación de los colombianos y que está debajo de nuevos problemas como el desempleo.

Es evidente que no existe un fenómeno estructural que justifique la congelación del ciclo político, y que el alargue de la era uribista está siendo inducida artificialmente. Prolongada por fenómenos como el nacionalismo, que viene produciendo en los colombianos una sensación de peligro que se ha traducido en indignación y temor frente a la “amenaza chavista”. O como el interés de millones de personas beneficiadas con los subsidios y gastos estatales que en este Gobierno han crecido exponencialmente, como los incluidos en Familias en Acción, las familias de miembros de las Fuerzas Armadas, las familias de quienes accedieron a los nuevos cupos del Sena, entre otros, que temen que un nuevo gobierno recorte los beneficios que asocian con la persona del presidente Uribe.

Pero, sobre todo, por el caballo de Troya que ha sido el referendo en la campaña presidencial. Aceptado como un simple requisito para que el presidente Uribe entrara a la contienda, incluso por los opositores al Presidente que vieron en él una oportunidad para denunciarlo como un intento chavista, el referendo secuestró la campaña presidencial, deteniéndola primero, y finalmente impidiéndola completamente. Esto ha invisibilizado el escenario natural para el cambio político que son las campañas electorales, saboteando la oportunidad de los ciudadanos para evaluar la real situación de la sociedad, para escudriñar los nuevos retos y para estudiar las soluciones que proponen los candidatos. Es un hecho que los ciudadanos, en todos los países, prestan muy poca atención a los asuntos públicos, asimilando sólo los escandalosos y mediáticos. Las campañas son una breve oportunidad para captar la atención de los ciudadanos, permitiendo que adquieran información nueva que normalmente no están dispuestos a procesar.

Si estos factores están deteniendo el cambio político en Colombia, es porque fueron concebidos con ese propósito. Pero como todo intento por atajar las fuerzas de la historia, tarde o temprano cederán, permitiendo correcciones a la desconexión entre las políticas públicas y la realidad. Porque nada puede distraer indefinidamente a los ciudadanos de su propia realidad.

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