Carta a Jesús Abad Colorado

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Querido y admirado Chucho:

Hasta ayer te llamaba Jesús. Pero luego de haber asistido en Caracol al lanzamiento del magistral y conmovedor documental sobre tu vida y obra, que la inglesa Kate Horne realizó, te siento más cercano y entrañable… y por eso me tomo la libertad de llamarte hoy Chucho, como te llaman tus amigos y como te llamas a ti mismo en un momento del documental, cuando estás fotografiando a unos niños de la Comunidad de Paz de Apartadó y les pides que te llamen Chucho, para romper el hielo y darles confianza.

Esta carta que hoy te escribo y que he decidido hacer pública por razones que después comprenderás, pretende explicarte por qué he resuelto que ya no quiero trabajar con tus imágenes en mi próxima obra que he llamado SACRIFIXIO (La consagración de la paz). Más que una pieza de danza contemporánea, será una suerte de “oratorio coreográfico” en homenaje al difícil y valiente proceso de paz colombiano y al Premio Nobel de Paz 2016. La he concebido para 20 bailarines, una actriz, una cantaora, un coro de 28 voces y un ensamble de percusión. La estrenaremos en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo los próximos 6 y 7 de julio, y luego iremos con ella a México al Festival Cervantino, ya que forma parte de la programación del Año Dual México/Colombia.

SACRIFIXIO toma como punto de partida la revolucionaria obra del ruso Igor Stravinsky, La consagración de la primavera. He comisionado al compositor mexicano residente en Nueva York, Samuel Zyman, una creación que conservará la estructura dramatúrgica propuesta por Stravinsky, aunque será música completamente nueva e inédita. La dirección musical estará a cargo del colombiano Adrián Chamorro y contará con la participación del Coro de la Ópera de Colombia, dirigido por Luis Díaz Herodier y del ensamble mexicano de percusión Tambuco.

El compositor ruso dividió La consagración en dos movimientos: La adoración de la tierra y El sacrificio. He decidido conservar, en la estructura de mi obra, estos dos momentos; sin embargo, lo que para Stravinsky estaba basado en ritos, melodías y danzas agrícolas paganas del folclor ruso, he decidido transformarlo y adaptarlo en clave muy colombiana en relación con nuestro conflicto armado: La adoración de la tierra es, en mi versión, la obsesión, la usurpación, la violación, el acaparamiento de la tierra, pues es la tierra lo que ha estado y está en la base y en el origen de nuestra horrenda guerra civil no declarada. Esta sección la he reservado para representar el poder machista y guerrero. Sus elementos centrales serán el fuego y el aire. Por su parte, El sacrificio, que en la obra de Stravinsky es la danza a muerte de la doncella elegida para honrar a la tierra, en mi versión equivale al perdón, al acto de hacer más sagrada la paz y la renuncia a la venganza. La etimología de la palabra sacrificio (del latín sacro + facere) no habla tanto de pérdida o renuncia dolorosa como de “hacer más sagradas las cosas… honrarlas”. Consagrar la paz a través del perdón: eso debemos hacer… y este proceso de reconciliación deberá ser liderado por las mujeres: las víctimas que más han sufrido en esta confrontación fratricida. El agua y la tierra serán los elementos de esta sección.

Y te he contado todo esto, Chucho, pues había pensado que en la primera parte, La adoración de la tierra, el capítulo de la guerra, algunas de tus desgarradoras fotografías sirvieran como fondo visual de la danza. Quería hablar contigo para pedir tu autorización de intervenir y animar, en una suerte de videoarte, algunas de estas imágenes con mi colaborador y amigo Gabriel Ossa. Con él asistimos anoche al lanzamiento de EL TESTIGO (Caín y Abel) y te confieso que al terminar la proyección Gabriel y yo nos miramos y nos dijimos: “No… estas poderosas imágenes de Jesús Abad Colorado son intocables, son sagradas y son parte esencial del patrimonio y la memoria de este país. Ellas deben tener su propio espacio y su propio tiempo”.

Considero, Chucho, que este testimonio sobrio, respetuoso, verdadero y desgarrador que Kate Horne logró de tu impresionante periplo vital debe ser visto a partir de hoy mismo en todo el país y en todo el mundo. Es justamente esto lo que nos ha hecho falta a los colombianos: conmovernos colectivamente hasta las lágrimas, como ocurrió anoche, frente a la magnitud del horror que hemos vivido y que tú, con enorme sabiduría y dignidad, has sabido retratar. Has escrito con tu lente la dolorosa historia reciente de este torturado país nuestro y, a pesar de haber sido tú y tu familia víctimas directas del conflicto, tu invitación es al perdón, al ¡basta ya!, a la reconciliación: al sacrificio.

EL TESTIGO (Caín y Abel) debe convertirse en un material obligatorio en los colegios y las universidades de Colombia. Los canales públicos y privados deben transmitirlo muchas veces, especialmente ahora que nos aprestamos a decidir si continuamos por la senda de la construcción de una paz estable y duradera o si, por el contrario, hacemos trizas la esperanza y nos sumimos en otros 50 años de esa barbarie que tú, querido Chucho, con infinito amor, compasión y respeto, nos has mostrado.

Te abrazo y, como colombiano, te agradezco tu bondadosa valentía y solidaridad.

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