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El brillo de los invisibles

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Gran reto es lograr que parezca natural lo que es artificial.

Los cirujanos plásticos, locutores radiales, músicos y presentadores de televisión bien conocen la suerte de engaño que hay detrás de emular el azar, fingir que a sus actos no los rige un plan preconcebido. Que no existen bisturíes, libretos, ensayos, partituras ni teleprompters.

El moderador de charlas y debates tiene un lugar privilegiado entre las actividades cuya búsqueda radica en conseguir que una puesta en escena parezca natural.

En eventos culturales de gran acogida, como el Hay Festival, la conversación es el núcleo. En ausencia de un buen moderador se observan diversos fenómenos, entre los cuales me interesa destacar dos: en primer lugar, quien asume que la cita gira en torno a él y no a sus compañeros de escenario; en segundo, aquellos que, en aras de la naturalidad, no preparan ni estructuran su intervención (el resultado es similar a un encuentro casual entre viejos conocidos del colegio a la salida de un supermercado: se agota en el comentario sobre el clima).

En el Hay Festival Cartagena, la reciente charla entre la periodista Georgina Godwin y el artista Brian Eno es la muestra de una conversación natural que surgió de un plan estructurado: una moderadora divertida, atenta escucha, que no interrumpió, sin protagonismos innecesarios, con acato al tiempo y a las actitudes del público (las risas, los aplausos, los bostezos, el movimiento en las butacas, las paradas al baño, el abandono de la sala). Un método preestablecido, pero sin cadenas, abierto a la improvisación inteligente. Su conocimiento desprevenido o estudio previo del personaje le permitieron sacar lo mejor de su experiencia, dar sentido a la anécdota.

Godwin desapareció voluntariamente. Logró el lucimiento de Brian Eno y no el propio.

Los asistentes salieron llenos de preguntas. Inquietos. ¡Bravo!

Ante una intervención así resulta imposible no evocar las conversaciones de James Lipton en su programa Inside the actors studio: estímulo del entrevistado introvertido, freno sutil del charlatán, generoso con el sabio. Genial a la hora de enfrentar los silencios, indispensables en toda conversación.

El Hay Festival Cartagena (y sus satélites) cuenta con nuevos visitantes, así como un público cautivo cada vez más exigente. El costo de los desplazamientos, todo lo que ellos implican, no da lugar al desperdicio de personajes: de ahí la relevancia de esos brillantes invisibles que son los buenos moderadores. Y, claro, es doblemente valioso cuando el árbitro del diálogo es también una estrella, capaz de controlar su propio brillo. Recuerdo al gran Paco de Lucía, quien se esfumaba detrás de las cuerdas de su guitarra tan pronto salían al tablado los bailaores. Ningún destello supera el resplandor de un buen artista.

La brillante desaparición de Georgina Godwin en el escenario del Teatro Municipal o Teatro Heredia (¡cruzada por el rescate de sus nombres originales!) exaltó la presencia de Brian Eno. Fue su reflector. El origen de la luz al fin y al cabo.

*Ana Cristina Restrepo Jiménez

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