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El día en que Santiago nació, la ciudad lo recibió con las banderas izadas. Se celebraba la Independencia de Colombia.
Su madre, tecnóloga, secretaria del fondo editorial en la universidad donde estudiaba contaduría pública, decidió abandonar los pupitres para cuidar al bebé. Su único hijo.
En 2013, cuando el niño cumplió 10 años, comenzó a viajar desde el norte del Valle de Aburrá hacia el sur para ser parte de un programa diseñado para los niños en la misma universidad privada donde trabajaba su mamá.
El primer día se presentó con su carné del Centro Educacional Don Bosco: piel trigueña, cabello muy corto, ojos cafés, sonrisa tímida y a la vez expresiva, como si le quisiera decir algo al fotógrafo. Lucía camiseta negra, con estampados de adolescente.
En el campus de esa universidad, Eafit, protegen los guayabos, las orquídeas crecen aferradas a los carboneros, las gallinas cacarean cerca de la cafetería… Y a las 8:30 a.m. el gallo insiste en anunciar el amanecer. Todo se torna aún mejor dos veces al mes, cuando los corredores se llenan de niños provenientes de colegios privados e instituciones educativas de Medellín. Entre ellos, Santiago.
La Universidad de los Niños Eafit es un tanque de ideas que trabaja sobre la pregunta como generadora del pensamiento. En dos niveles, “Encuentros con la pregunta” y “Expediciones al conocimiento”, los niños conversan, experimentan y juegan con talleristas y profesores.
Santiago, hincha del poderoso Independiente Medellín, salió el domingo pasado con su tía para disfrutar un torneo de fútbol aficionado en la cancha de El Ventiadero, en el barrio Alfonso López, Comuna 5 (Castilla). Pasadas las 7 de la noche se sintieron los disparos. El niño cayó herido. Tres horas después falleció.
Según los medios locales, esa misma noche fue hallado el cadáver de quien supuestamente había disparado el arma asesina.
¿Insistir en referirnos —con amaño— a “balas perdidas”?
Al 30 de diciembre de 2013, en Colombia, 258 personas fueron víctimas de “balas perdidas”. Cuarenta y ocho de ellas murieron. En aquel entonces, el general Rodolfo Palomino, director de la Policía, indicó que Medellín era la ciudad con más casos, con 12 muertos y 53 heridos.
¿Resignarnos a seguir llorando sobre cadáveres de niños? ¿A despedirlos con la crónica roja de las páginas judiciales? ¿Condenarlos a ser una estadística?
El año pasado, 77 menores de edad fueron asesinados en Medellín. Según el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia de la Alcaldía, entre enero y el 28 de julio del año en curso la ciudad ha registrado 30 homicidios de menores.
Mientras se esfuman las preguntas de Santiago, se multiplican las nuestras…
En la última sesión de “Expediciones al conocimiento” que presenció este alumno, los niños conversaron con los investigadores Juan Camilo Escobar, doctor en historia y civilizaciones, y Adolfo León Maya, magíster en ciencias políticas. (ver: https://www.youtube.com/watch?v=3EqGEkJxpdI).
La gran pregunta discutida en ese encuentro final, colofón de los días de Santiago, fue: “¿Qué poderes gobiernan la ciudad?”.