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Mirás alrededor la imponencia de los Andes, y evocás la travesía de tus tatarabuelas a lomo de mula, sometidas a golpe de espuela: en la mujer buena, el silencio es virtud.
Vos, habitante del “burdel más grande del mundo”, en la calle y en el comedor, sos protagonista desprevenida del refranero popular: “Mujer que no sabe cocinar es como hombre que no sabe trabajar”, “lo que no se exhibe no se vende”, “la mujer casada, en la casa y preñada”. Oís hablar más de “Marta Pintuco” que de Sofía Ospina de Navarro.
“Antioqueñita / del jardín de Colombia / la más bonita”. Así crecen las flores cuando las podan con frecuencia…
No tenés ni idea de qué son los estudios Escia (Explotación Sexual Comercial Infantil y Adolescente), ni mucho menos qué hacen esas muchachitas entre 10 y 13 años deambulando por el viaducto Prado Centro, el Parque Bolívar, Barbacoas, la plaza Rojas Pinilla, El Raudal, La Veracruz, el parque Berrío y San Diego. En San Lorenzo y Juanambú desfloran los “capullitos”.
Te acostumbraste al desfile de niñas, como vos, venidas de pueblos que no registran los mapas, para trabajar “en casas de familia” y servir como medida de la virilidad de sus patroncitos.
“Antioqueña / que vives cerca a los montes / donde son más inmensos los horizontes”. A esta hora, con disciplina y maña, recorre tu geografía una cazadora de votos, defensora de los valores tradicionales del paisa de pura cepa. Niega a las mujeres la posibilidad de elegir sobre su propio cuerpo (¡flor perfecta para la Procuraduría!). Siendo senadora, taladró sobre piedra: “Si [a ella] le pegan, algo habrá hecho”. Su bandera: “Soy femenina, no feminista”. Liliana Rendón, nuestra Sarah Palin de carriel y collar de arepas.
“Antioqueñita / por ti se calma la tempestad / que ruge dentro del alma”. Aunque ocupás la mayoría de los pupitres de las universidades locales, sabés que sólo una es liderada por una mujer: Luz Mariela Sorza (Instituto Tecnológico Metropolitano). En 214 años de historia, la Universidad de Antioquia, por ejemplo, jamás ha tenido una rectora en propiedad. Sólo encargadas, en dos ocasiones. Sara Fernández, coordinadora del Grupo de Investigación en Género, Subjetividad y Sociedad de la alma máter, afirma que una vez en el mercado laboral, el salario de las antioqueñas es entre 25% y 30% inferior al de los hombres.
Lamentás la suerte de la niña Premio Nobel, baleada en la calle por atreverse a ir a estudiar; pero entonces te sacudís, recordás que las estadísticas de violencia señalan que en Antioquia el lugar más peligroso para las mujeres es su propio hogar.
Alcanzás a pensar que, aquí y allá, la cultura puede ser una cárcel… pero hasta la prisión Gorgona —rodeada de tiburones— tuvo fugas…
Justo cuando te componés del desencanto, se te sienta al lado en el metro una cincuentona disfrazada de veinteañera. El anhelo irreprimible de seguir siendo niña en Antioquia.
*Ana Cristina Restrepo Jiménez