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Una manada de ñus pasta en la llanura africana.
Flota un vaho de calor sobre las varas de hierba y la testuz inclinada de los comensales. Un macho alza la mirada y su crin se eriza, súbitamente se desata una estampida. En cuestión de segundos, una leona sigilosa salta sobre la presa y la agarra por el cuello.
El instinto se manifiesta de diversas formas. En los seres humanos, la intuición es una revelación del instinto. No se intuye a propósito. Intuir no es un verbo que se conjugue a voluntad o con previo aviso: “Voy a intuir que sos un criminal”.
El uso indiscriminado de la palabra “intuición” siempre ha sido paradójico: por un lado, pululan las aproximaciones esotéricas (“Es la habilidad de recibir información sin usar un canal típico de comunicación, es a través de una percepción extrasensorial”, A. Logsdon); por otro, desde un plano racional, se insiste en su valoración como guía inicial del investigador, del académico. Las hipótesis son hijas naturales de la intuición.
Sin evidencia científica ni estudio previo, todos hemos detectado a un mentiroso alguna vez en la vida… de forma exclusivamente intuitiva.
Platón, Husserl, Descartes, Leibniz y Kant conversaron con su almohada sobre la intuición. El biólogo Richard Dawkins lamenta que nuestra intuición sea tan limitada.
En el poeta, la intuición a veces se funde con la epifanía. En el artículo “Apuntes sobre el proceso de creación poética”, Piedad Bonnett se refiere a la experiencia creadora desarrollada por Silvia Sauter, que habla de: “[…] un ‘creador visionario’, que a semejanza del profeta o del chamán ‘intuye, vislumbra o presiente lo que se ha ido fraguando inconscientemente, interpreta su visión y la expresa en la mejor forma posible que transmita a su comunidad los conflictos subyacentes del momento’”. Sauter alude no solo a un inconsciente personal sino colectivo.
¿Será posible concebir la lógica especulativa del chevalier Auguste Dupin, de Edgar Allan Poe; la ciencia deductivo-experimental de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle; o el desprecio de la evidencia material de Hercule Poirot, de Agatha Christie, sin la luz de la intuición?
Estas breves anotaciones no pretenden ensalzar el “intuicionismo”. (Aunque en casos de emergencia, y en permanente peligro de convertirse en argumento, la tal “intuición femenina” levite en mí como una tentación).
En su más reciente columna, Pascual Gaviria escribe: “No los puedo señalar [La Universidad Medellín como un fortín político/ La presencia de la política como microempresa de intereses privados/ las conocidas pifias de Luis Pérez como alcalde de Medellín, amén de sus mentiras y su oportunismo como candidato oscuro y perenne] como culpables de un hecho que ya investiga la Fiscalía, pero no puedo dejar de mencionar mis intuiciones de recién amenazado”.
¿Elemental mi querido Watson?
El filósofo Mario Bunge dice que “la intuición es solo una fase de la cognición”, su gran valor emerge cuando se la pone a prueba.
Acertadas o fallidas: las intuiciones son un primer paso que no se puede despreciar.