Publicidad

La contracultura mansa

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Patti Smith, cantante neoyorquina encarnación del punk, asiste curiosa al Museo Metropolitano de esa ciudad para ver cómo exhiben el movimiento en la muestra Punk, del caos a la costura.

 Irónica, dice: “Me quedó faltando el caos”.

El movimiento ha sobrevivido décadas basado en la urgencia de muchos de encontrar escapatorias a la presión reinante. Esto se radicaliza cuando al mundo lo acosan crisis económicas y políticas, como ahora, y como pasó en los años 70, cuando al final del hippismo surgió esta contracorriente imbuida de escepticismo, nihilismo, anarquismo, expresión artística y filosófica: el punk.

Esta tendencia buscó armar una revolución cotidiana, provocar una vuelta de tuerca, voltearle el pescuezo al establecimiento, romper la prisión de la rutina, quebrar el destino que paraliza la imaginación y la inconformidad. El mismo ímpetu lo repite cada generación. La contracultura que refleja el punk se nutre del anarquismo, del movimiento de la internacional situacionista (intelectuales que provocan circunstancias chocantes), de poetas y escritores de ruptura (de Dickens a Rimbaud), de la revolución de mayo del 68, y alimenta a cientos de artistas que rompen moldes y expresan malestar.

El movimiento punk nació en 1970 en Inglaterra y en EE.UU. Asimiló en símbolos una carga de protesta preexistente en la sociedad al reciclar grafitis, desechos industriales, todo bajo el lema de “hágalo usted mismo”. Sobrevive 43 años después, hasta ahora que ha logrado entronizarse en la cultura principal, en la corriente de la sociedad de masas que todo lo usa y que se retroalimenta con esta fuerza agresiva, para pasarle por encima la aplanadora comercial. El resultado es que la alta costura, que se produce sobre medidas y se muestra en ambientes artificiales refinados, se regodea al agredir y protestar como el punk para refrescar la inspiración.

La manera como se permean moda, música y estilo punk tiene una larga historia. El pionero del punk en la moda fue el inglés Malcolm McLaren, quien ante una camiseta pintada de cualquier modo por el cantante de Sex Pistols, que decía “por favor mátame”, creyó ver una compuerta que se abría imparable y que pronosticaba lo que se venía como desgarro y demolición.

El biógrafo de los Sex Pistols, John Savage, escribe el prólogo del catálogo de la exposición del punk en el Met, un libro de pasta dura que poco tiene que ver con la improvisación y la libre copia o el Copyleft que promueven los punks. Savage compiló imágenes y afiches de la iconografía punk, pero falta la gran historia de este movimiento que data en su imaginería de la película Metrópolis de Fritz Lang, en 1927, antecedente cinematográfico de The Wall de Pink Floyd y de La naranja mecánica sobre la obra de Anthony Burgess. Provocadores tempranos que hoy parecen infantiles.

Dice Andrew Bolton, curador de la muestra del Museo Metropolitano de Nueva York (director del Instituto de Moda del mismo), que el giro inesperado del destino es que al derribar la frontera entre productores y consumidores el ethos del hágalo usted mismo ha encontrado su futuro en la cultura del no futuro.

Algunos asistentes a la exposición son elaborados como modelos de alta costura: horas en el espejo fabrican su estudiada imagen descuidada. Al salir del museo, bajo un paradero de bus, espera un personaje, especie de troglodita masculino lleno de vellos, con botas trajinadas, luciendo una prenda femenina blanca y trasparente hasta la cintura. Y nada más. La exposición Punk, del caos a la costura sale a la calle.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido