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Río revuelto

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EN UNA CIUDAD QUE NECESITA aclarar mucho de su pasado caen descargas de lodo entre sus dirigentes. Es visible el desamparo porque los medios de comunicación en Medellín no representan una neutralidad ni un arbitraje que sirva a la opinión pública para calcular cuántos intereses están en juego aquí.

Por el contrario, estos medios sirven de trinchera a quien los usa para disparar en regadera acusaciones y de ese modo limpiar su propia imagen. Y con cada imputación no comprobada, no desmentida, queda flotando en la opinión una nueva duda sobre a quién creerle. Es el río revuelto en esta ciudad que ha sido la que más ha sufrido las violencias que en Colombia se han cruzado.

Deplorable confusión que es tan útil a la delincuencia porque al revolverlo todo logra salvarse ella. La desinformación se incrementa en este turbio 2008, desde cuando se habla de la influencia de votos paramilitares en la elección del gobernador, pasando por la captura de delincuentes como El Cebollero, el asesinato de otros como Job, la caída estrepitosa del director del DAS y la llamada a calificar servicios del general Pedreros, comandante de la policía en Medellín. Recientemente las declaraciones del ex alcalde Luis Pérez que pretendieron desmentir lo que ha logrado la ciudad para superar la violencia y luego las posibles venganzas que mujeres del círculo de Job pudieron emprender contra el alcalde Salazar en su tarea de judicializar desmovilizados que delinquen.

El desamparo de la opinión es proporcional a la batalla campal donde se trenzan viudos del poder, delincuentes, y funcionarios que en el poder hicieron migas con la ilegalidad. No existe una conciencia individual ni colectiva en el periodismo local sobre la enorme responsabilidad investigativa que tiene de apoyar la tarea institucional y legal para rescatar a la ciudad del zaperoco en el que la han sumido el narcotráfico, el paramilitarismo y los desmovilizados. Es claro que cuando los paramilitares en mayo fueron extraditados en bloque a los Estados Unidos, un vacío de poder en esas estructuras del hampa tuvo como epicentro a Medellín y que los secuaces para retomar el mando, emplearon todas las tretas al alcance. Pero de esto poco supieron los medios sino apenas sobre el crecimiento del índice de homicidios. Y recientemente la escalada de declaraciones insidiosas en medios locales que hacen de parlantes, sin entender su papel de intermediarios,  con las entrevistas del polémico Luis Pérez, que enlodó el proceso de encarar el narcotráfico y el paramilitarismo en Medellín para tender una sombra sobre la actual alcaldía de Alonso Salazar y también sobre la anterior de Sergio Fajardo. Luis Pérez contra sus rivales políticos, con delincuentes al acecho.

Los medios son sordos al amplificar sin medir a quién le sirven. Es increíble la falta de ponderación en cotejar datos, y en el papel de arbitrar semejante cantidad de acusaciones. La estrategia común a todos los que han vivido en medio de lo turbio es hacer que otros sean sospechosos para quedar ellos por encima de toda sospecha y hay que descubrirla para no dejar juntar lo lícito y lo ilícito en una frontera borrosa. Los medios deben dudar de todos los que buscan infiltrarse y confundir. Que el periodismo sepa la tarea de clarificar que se le impone para que no consiga la delincuencia pescar en este río revuelto su propia salvación.

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