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Los ataques en París a la revista satírica Charlie Hebdo y al supermercado judío nos llevan a reflexionar sobre el uso de la violencia como solución del conflicto, la tolerancia, la libertad de expresión y el respeto, pero igualmente sobre las diferencias culturales.
El rechazo a la violencia, y más al terrorismo, es unánime, y el mundo se ha unido aunque se excluyen algunos, como la extrema religiosa yihadista, quienes perpetraron el ataque y como consecuencia han generado una islamofobia en Europa. El miedo lleva a otra intolerancia y al temor a aquellos que lucen diferentes o practican otras religiones.
Y es que la religión debería ser personal y no debe influir políticamente, pero así sucede en muchas regiones del mundo y en algunas ocasiones esta realidad también empieza a darse en nuestras tierras.
El fanatismo y los extremos son peligrosos cuando nos llevan a la intolerancia. No se puede agredir porque no nos gusta o no compartimos una idea o un comportamiento. La diferencias culturales cada vez se toleran menos.
La tolerancia como el respeto por las ideas se pone en tela de juicio cuando la libertad de expresión transgrede el respeto mismo hacia otros. ¿Dónde está el equilibrio? ¿Dónde está la línea entre la libertad de expresión y el respeto? Por supuesto, eso no justifica la violencia, pero sí hace necesaria una reflexión.
Es claro cada vez más que el mundo está dividido y las civilizaciones chocan, como decía Samuel P. Huntington. Las diferencias son grandes, las libertades no son iguales y las diferencias culturales crecen. Y el respeto por el otro y las ideas nos debe llevar a unirnos contra el uso de la violencia y el terrorismo como respuesta a la diferencia de ideas.