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Chávez, vuelve y juega

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CON EL 54% DE LOS VOTOS CHÁVEZ logró, a través de un segundo referendo, obtener el triunfo que le permite una reelección indefinida.

El populismo sigue vigente y cada vez más en Latinoamérica los gobernantes usan los referendos como un camino para eliminar los obstáculos legales y perpetuarse en el poder, cambiando las reglas de la democracia; así lo señalaba el New York Times al cuestionar a otros presidentes de la región, como el conservador Álvaro Uribe y el izquierdista Daniel Ortega, que aspiran a nuevos períodos. Y es que no necesariamente las elecciones dan las garantías electorales necesarias, pues el poder es el poder y la maquinaria del poder pone toda la fuerza en un determinado sentido y en muchos casos usa su aparato de coerción para el triunfo y la oposición se ve en la obligación de contentarse. En todo caso, en Venezuela, Chávez se queda en el poder.

Estamos claramente en la región ante destellos y formas de gobernar dictatoriales; aunque se llevan a cabo elecciones cuyos resultados indican la voluntad de la mayoría del pueblo, lo que les da un halo de legitimidad, se debería cuestionar el mecanismo utilizado para perpetuar a quienes lo utilizan. A través de una apariencia democrática se birla la Carta Democrática Interamericana que busca “el ejercicio efectivo de la democracia representativa como la base del estado de derecho y los regímenes constitucionales de los Estados miembros de la Organización de los Estados Americanos”. Y que igualmente plantea como “elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”. Este es un tema sin duda alguna de reflexión a nivel multilateral y para nuestra propia nación.

Ahora, y gracias a Dios, que pueda quedarse indefinidamente no significa para Chávez que todo esté a su favor. Tendrá que afrontar nuevos y complejos retos que empiezan por el hecho de que en lo económico la recesión mundial y la baja de los precios del petróleo le disminuyen la caja menor no sólo para apoyar gobernantes y financiar campañas electorales de sus adeptos en otros países de la región, sino para adelantar los proyectos sociales en su propio país.

Será más difícil entonces afrontar el problema de los pobres que quieren más educación, más salud, más vivienda y más trabajo, así como afrontar el problema de corrupción de muchos de sus seguidores que se han enriquecido a la sombra del poder. Porque una cosa es sin duda el poder con plata y otra sin ella.

En cuanto a su política de criticar de manera permanente al gobierno de Estados Unidos el temita, que da dividendos en muchos países de la región, se le agotó pues sin duda la inteligencia de Obama y una política más comprensiva de los USA le quitarán protagonismo y argumentos. Ojalá en este nuevo tercio, la oposición aproveche para aglutinarse pues hasta ahora se ha caracterizado por su falta de liderazgo y su fragmentación.

Tal vez sea su propio manejo y su gestión los que terminen acabando este círculo vicioso en el que ahora parecen militar algunos dirigentes latinoamericanos que engolosinados con el poder acuden en nombre de Dios al pueblo para perpetuarse. Y ojalá otros miren y aprendan la lección.

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