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Enseñanzas del mundo árabe

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MUCHOS SE CREÍAN QUE ERAN INAmovibles, pero finalmente el pueblo y las nuevas generaciones se cansan. Y eso es lo que ha pasado en los países árabes del norte de África y el Oriente Medio. La “estabilidad” que por tanto tiempo reinó en estos países gobernados por monarquías o por dictaduras “democráticas”, era de una calma aparente.

Dichas dictaduras o monarquías democráticas en estas regiones del mundo y en general en el mundo entero se han caracterizado por el abuso de poder que en la mayoría, de los casos está acompañado por violaciones a los derechos humanos, por una alta corrupción como ha sido el caso de Ben Alí en Túnez, por beneficiar económicamente a las élites creando brechas y pobreza en la población, por una economía cuyo principal empleador es el sector oficial e igualmente por un alto desempleo para los jóvenes que no vislumbran un futuro.


Las protestas en Túnez y ahora en Egipto se extienden a otros países como Yemen, Jordania y Marruecos, en los que sus gobernantes han realizado rápidos cambios en los gobiernos monárquicos o han manifestado que no se postularan nuevamente, como es el caso de los gobiernos, en teoría democráticos, de Yemen y Egipto. Igualmente, aliados importantes como Estados Unidos y Francia han manifestado su apoyo a los manifestantes y han planteado la necesidad de una transición inmediata y pacífica en Egipto.


Si bien esto sucede en los países árabes, es importante mirar también a otras regiones del mundo, como la nuestra, en la que se han convertido en una práctica común por parte de los gobernantes los cambios constitucionales para mantenerse y/o perpetuarse en el poder. Ejemplos similares son los casos de Argentina, Chile, Panamá, que con protestas acabaron sus dictaduras militares. No obstante, la región no aprende y continúa en esta línea de la reelección. La misma Argentina, con Menem y Cristina Fernández; Venezuela con Hugo Chávez, Colombia con Álvaro Uribe y ahora Bolivia con Evo Morales y Ecuador con Rafael Correa.


Todo esto para manifestar la importancia de la democracia y de los cambios en los gobiernos de tal manera que se asuman nuevos retos y se busque corregir los problemas con visiones nuevas. Estas prácticas, por supuesto, no son buenas. La historia de la humanidad ha mostrado que con el tiempo son inviables, pero el poder y las ansias de éste son una adicción para muchos. Ojalá estos ejemplos sirvan para que los gobernantes trabajen en beneficio del pueblo con el ánimo de disminuir las desigualdades económicas y sociales, haciendo mayor inversión social en la búsqueda de un mayor bienestar, que se respeten los derechos humanos y la democracia.

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