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CUBA ES EL PAÍS DE LA REVOLUCIÓN, del comunismo, de los Castro que han gobernado durante 50 años. Es el país de la utopía, de la búsqueda de la equidad, de la educación y de la salud para todos, de la igualdad racial.
Cuba ha vivido cerrada con un embargo impuesto por Estados Unidos, su vecino más cercano, que por mucho tiempo dominó la economía y el turismo bajo Batista. Ahora Cuba vislumbra un futuro diferente ante las negociaciones con el presidente Obama, mediadas por el papa Francisco y Canadá, para el restablecimiento de relaciones diplomáticas, intercambio de embajadores e incluso el eventual retiro de Guantánamo. Esta voluntad de cambio ya se ha hecho una realidad con la reciente eliminación de Cuba como país patrocinador del terrorismo. No obstante, muchos observadores cuestionan que no se ha hablado de democracia y derechos humanos y que muchos países se han hecho los de la vista gorda buscando posicionarse en la isla. Primero lo económico, después vendrá lo político. Existe expectativa por el cambio, pero no hay claridad en cómo va a ser la transición ante la llegada de capital extranjero. El Estado es el generador de ingresos y empleo, no hay iniciativa privada, el salario mínimo es de 20 cuc, menos de $100.000 colombianos, los ciudadanos reciben un subsidio de dieta básica alimentaria, y, aunque hay educación, la falta de ingresos no permite hacer una carrera y lo más complicado es que los que terminan después no consiguen empleo y deben dedicarse a otros oficios para subsistir. La salud es buena, pero faltan insumos. Es bueno decir que la gente vive con lo básico: no hay almacenes. El turismo es importante y cada vez llegará más gente e inversión, pero no se ha anunciado un plan que permita que la riqueza que llegue al país beneficie a todos. Hay cultura, y mucha. Hay música hasta en los poros: en cada rincón está presente. El arte brota en las escuelas, es un gran semillero y muchos ven como un modelo aquellos que han triunfado en el exterior. La bienal de arte mostró esa cultura y la gente maravillosa, que es el gran potencial. Un beneficio del régimen es que se ha mantenido la arquitectura, tanto colonial como aquella de los años 30, y La Habana tiene una belleza inigualable en medio de la decadencia de sus edificios. El potencial es grande, pero la transición no será fácil. Las diferencias sociales y económicas empiezan a aparecer y no es justo haber vivido la revolución y volver a quedar en lo mismo. Es interesante y habrá que esperar qué sucede en términos económicos, e igualmente en términos democráticos, pues no es claro cómo se construirá una democracia cuando no ha existido sino una sola figura: Fidel (y ahora Raúl Castro).