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Del Parque La Independencia o, realmente, del Parque Centenario de la Independencia, sólo queda (del proyecto inicial) el Quiosco de la Luz, una copia del construido en Versalles para María Antonieta.
El Parque construido en 1910 tenía otros pabellones, el de las Máquinas, construidas en hierro; el Egipcio, el de Bellas Artes, de estilo art nouveau; el de la Industria; pero ya hoy han desaparecido. Y el problema es que, como van las cosas, hasta el de la Luz va desaparecer. Su nombre, su tradición y la historia.
Y es que el parque ha tenido varias transformaciones. La mayor se realizó en 1957 con la apertura de la calle 26 o Avenida El Dorado, que tomó la zona que limitaba hacia el sur de la ciudad e igualmente eliminó la parte que llegaba hasta la Iglesia de San Diego y la Torre Colpatria. No sólo se quitó terreno del parque, sino que también se cortaron decenas de árboles, entre ellos varias palmas de cera. Ya para esa época sólo sobrevivía el pabellón de la Luz, pues las otras construcciones se habían derruido y las habían dejado caer.
En 1969 Rogelio Salmona, que construyó las Torres del Parque, hizo una restauración del parque y más tarde, cuando se inició el proyecto de Transmilenio por la calle 26, planteó un nuevo proyecto al encomendársele el Plan Director del Parque de la Independencia, para recuperar una parte tapando la avenida al nivel del parque.
Ahora, en medio del desorden provocado por el carrusel de la contratación, se ha venido construyendo un proyecto que aunque tiene el objeto de devolverle espacio al parque, se pierde el espíritu que le había dado Salmona. El proyecto actual efectivamente es un túnel entre la Avenida Caracas y la carrera 5 para conectar el parque con la Biblioteca Nacional y el Museo de Arte Moderno. A su vez convertirlo en un espacio para los bogotanos. En principio la idea es maravillosa. Sin embargo, las losas en vez de estar a ras del parque como lo propuso Salmona, se suben hasta 4 metros por encima y han planteado conectar el parque con rampas que, sin duda, tomarían parte del reducido espacio y pondrían en riesgo el Quiosco de la Luz. Igualmente está tan alto que la única conexión con el museo y la biblioteca, que quedan parcialmente tapados, son unas escaleras empinadas.
Este parque igualmente es un referente turístico, histórico y urbano de la ciudad que congrega importantes edificios: San Diego, el Tequendama, Embajadores, el Museo de Arte Moderno, la Biblioteca Nacional. Sería maravilloso no destruir lo poco que nos queda del pasado y que nunca hemos valorado.
Es bueno recuperar y tener nuevas zonas de espacio público. Es buena la inversión en parques. Pero es importante que no se destruya lo existente, es importante que se oiga a los vecinos. La obra continúa a una velocidad mayor que la misma 26 y no ha habido forma de pararla y conciliar. Literalmente, como van las cosas, destruirá lo poco que queda de historia de este parque, que conmemoraba el Centenario de la Independencia. Se supone que se debe sumar, pero aquí se está restando.