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POR NUMEROSAS CIRCUNSTANCIAS —entre ellas una entrevista radial que sobre el tema me hizo María Isabel Rueda— he estado reflexionando sobre el papel de la primera dama, su actividad y su importancia en la vida privada, afectiva, pública y social de un gobierno y de un mandatario.
Aunque las esposas de los presidentes no son elegidas, la gente espera de ellas algo, una actividad o un aporte, que finalmente todas, de una manera u otra, desarrollan, siendo unas más activas que otras e igualmente otras más discretas que protagonistas. El tema toma de nuevo importancia ahora, ante la terminación del actual Gobierno y la llegada de uno nuevo.
Si bien el presidente Uribe ha sido muy popular, activo y protagonista, es importante destacar la tarea de Lina Moreno; debo confesar que me gustó el Uribe del comienzo, aunque eso no quiere decir que haya sido uribista en estos ocho años. En cambio sí he sido fan de Lina. Ella ha sido un soporte para Uribe y muchas veces la única que le dice la verdad. Ella se ha caracterizado por su discreción, aunque marcó su carácter al hablar de su desacuerdo con la reelección o su acuerdo con el aborto y, lo más importante, es que ha logrado ser ella misma. No es fácil en realidad ser la esposa de un mandatario y a veces resulta aun injusto pues es difícil ser y actuar por sí mismo ya que tanto en obra como en palabra la gente cree que quien actúa u opina es el presidente.
Lina ha logrado sin embargo hacer la tarea con un balance positivo, por lo cual creo que la satisfacción de haber servido es grande. Su camino lo fue construyendo a través de programas de educación con un Plan Padrinos y de mejoramiento de la infraestructura escolar, del Valor de la Palabra, con la dotación de bibliotecas escolares para los grades 4 y 5, con Programas de Protección Social en temas de salud sexual y reproductiva y con el trabajo de la Red Gestores Sociales, como se llaman hoy las esposas de los alcaldes y gobernadoras que son finalmente primeras damas. Continuó programas como Batuta y la Corporación del Día de la Niñez y promovió el programa Colombia es Pasión.
Lo cierto es que esta tarea de irrumpir en la vida pública de la noche a la mañana sin una estructura de apoyo clara y aun sin soporte legal alguno resulta complejo y difícil. Y ello es así por el alto nivel de expectativa que finalmente tiene la gente en relación con la posición que ocupa la cónyuge del presidente. Por ello creo firmemente que debería promoverse la creación del Despacho de la Primera Dama, de manera que pueda potencializarse una situación privilegiada para transformar realidades estableciendo de igual manera responsabilidades.
Lina se va y llega María Clemencia, Tutina, como la llaman; por su preparación y su personalidad estoy segura de que estará interesada en que, desde su posición, pueda ayudar a la solución de muchos problemas sociales que aquejan a nuestro país. Estoy convencida de que más fácil sería contar con un despacho organizado y con recursos de manera que sus esfuerzos se sumen a los de sus antecesoras. ¡Adiós Lina y bienvenida Tutina!