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Una política agraria es fundamental

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La cuestión no es que se diga que hay o no hay paro.

Tampoco es que la movilización es incitada por la Farc, la izquierda o la derecha. Es claro que hay un problema en el campo colombiano y hay que atenderlo. Oía decir, esta semana, que la política agrícola ha sido una política de tierras y no una de fomento de la agricultura. Eso es verdad y ha sido mucho menos para los pequeños agricultores.

Y la falla en la política agraria no es solo de este Gobierno si no de muchos gobiernos atrás. Cuando se negoció el TLC con Estados Unidos, nadie vio el tema de las semillas y, la verdad, no queremos semillas transgénicas cuando nosotros producimos orgánicas.

Colombia crece por la minería y el comercio, pero este sector, junto con la industria, están rezagados.

Colombia necesita una política integral que tome en cuenta diversos factores. La tierra, por supuesto, es importante, pero no es lo único: es necesario crédito, asistencia técnica, canales de comercialización más directos que eliminen intermediarios y que se traduzca en precios justos para el campesino y buenos precios para el consumidor.

Una política de centros de acopio estatales en zonas agrícolas equidistantes o mercados campesinos cerca a rutas altamente transitadas pueden ser viables. En el pasado, por ejemplo, el Idema (Instituto de Mercadeo Agropecuario) cumplió una importante tarea para la comercialización de granos con precios de sustentación. Otro programa fue el DRI (Programa de Desarrollo Rural Integrado) en el que se atendía y se acompañaban pequeños agricultores. Podría ser interesante explorar programas similares.

Y no se trata de resolver el problema con un subsidio temporal, como últimamente se viene haciendo, sino que es necesario que se fortalezca el sector y los agricultores puedan obtener los precios e ingresos justos.

Si fuesen necesarios subsidios estos deben ser a través de un precio de sustentación, pero no directamente al agricultor, pues al recibir ingresos muchos prefieren dejar de trabajar.

Lo que está pasando es que los campesinos están vendiendo sus tierras, buscando en las ciudades nuevas alternativas y oportunidades para sus hijos. Y ya todos sabemos que no solo la ciudad está saturada sino que es necesario mantener las tierras productivas y personas ene el campo produciendo.

Aquí hay algunas ideas pero se necesita una política agrícola desde el Estado que puede ser ejecutada por organismos no gubernamentales, si se quiere. Y es que la paz solo comenzará en la medida en que exista bienestar para todos y se distribuya más los beneficios del progreso.

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