Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“No se vaya, viejo. No se me vaya, viejo”, grita Leidy desesperada mientras trata de coger el cuerpo caído de Don Ave. “No se me vaya, viejo”, pero Don Avelino se va. La cámara, que registra todo, también registra cómo al hombre se le evapora la vida, un disparo certero en el mentón se la arrebató. “No me deje, viejo, no me deje”, suplica Leidy al cuerpo inerte entre sus brazos. Alguien toca sus hombros: “Leidy, el viejo ya murió”. Otra persona la saca a rastras del escenario, ella mira el cuerpo de Don Avelino, quiere volver, pero las balas siguen sonando. En el improvisado refugio, Leidy, como río desmandado, rompe a llorar. Ella también llora.
A Digno Emérito Buendía lo mataron el 18 de mayo de este año ¿y adivinen en medio de qué? Le dispararon cuando se ejecutaba un operativo de erradicación forzada a cargo de tropas de la Brigada 30 de la Segunda División del Ejército, ¿y adivinen de dónde salieron las balas? En un video se ve a los soldados discutir con los campesinos, de pronto suenan disparos y Digno Emérito cae. Digno, aunque todos lo llamaban Avelino, murió casi al instante y ese día —y muchas noches después— toda la vereda Vigilancia lo lloró. Allá también lloran.
Leidy Díaz es líder de la Asociación Campesina del Catatumbo (Ascamcat) y se le quiebra la voz al decirme que Don Ave era casi un papá para ella, pone el video de su muerte en el celular —el cual guarda como prueba— me lo muestra y se retira porque es incapaz de verlo morir otra vez. Lo mataron mientras estaban en un asentamiento campesino para proteger los cultivos de coca, la única economía en esta vereda del corregimiento de Banco de Arena, zona rural de Cúcuta, en donde solo hay trochas, casas de bahareque, madera y latas de zinc, grupos armados y ninguna inversión social.
Como pasa con cualquier campesino cultivador de coca en Colombia, Leydi también dice: “Nosotros no queremos sembrarla, pero erradicar una mata es quitar un plato de comida de la mesa. No es verdad que podamos, porque no podemos, subsistir de otra forma”. Piden ingresar al Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), pero “el gobierno no ha querido”, dice, “porque Cúcuta no es municipio priorizado”. Aunque haya coca en Vigilancia para cualquier lado que se mire.
Casi dos meses atrás de la muerte de Don Ave, el 26 de marzo, en otro operativo de erradicación forzada, mataron a Alejandro Carvajal. ¿Y adivinen —otra vez— de dónde salieron las balas? El cuerpo del joven recibió un disparo certero que atravesó su pecho y su espalda mientras estaba en un asentamiento campesino. Todo pasó en Sardinata, municipio de la región del Catatumbo. El chico se va frente a la cámara que de nuevo registra y esta vez muere en brazos de su padre. El padre abraza el cuerpo y rompe a llorar. Él también llora.
Ambos casos son “materia de investigación” que poco avanza. Los campesinos, las campesinas siguen llorando estas pérdidas. Porque ellos, ellas, también lloran. ¿Soldados matando campesinos inermes? ¿Quién lleva el conteo de estos muertos que deja la lucha contra las drogas?
Yolanda Pantin, poeta venezolana, escribió en un verso «Ustedes perdieron un país dentro de ustedes». Nosotros lo seguimos perdiendo.
Comentarios