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Charles Taylor fue condenado: un caso de cuando menos puede significar más

Andreas Forer
18 de mayo de 2012 – 04:17 p. m.

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«Así está bien», dicen algunos. Otros, especialmente en Liberia en donde él aún tiene algunos seguidores, consideran lo contrario. Al parecer, las capitales de Liberia y Sierra Leona sucumbieron el 26 de noviembre de 2011 durante la anunciación de su juicio.

El Tribunal Especial para Sierra Leona le atribuyó a Charles Taylor, ex presidente de Liberia, hechos de violencia sexual, homicidios, terrorismo y pillaje, como también reclutamiento ilícito de 500 a 1000 niños menores de 15 años, hechos que fueron cometidos principalmente por dos grupos terroristas – el Frente Revolucionario Unido (FRU) y el Concejo Revolucionario de las Fuerzas Armadas (CRFA) – en Sierra Leona y países aledaños durante el período comprendido entre 1996 y 2002. Como pago por su respaldo a tales grupos, Taylor recibió los llamados “diamantes de sangre”. Por estos hechos fue condenado como cómplice por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

En este escenario, lo más interesante es que un ex presidente es condenado por respaldar a grupos terroristas de un Estado vecino durante muchos años. Principalmente, dotó al FRU de armas y medios de telecomunicación de última tecnología con los cuales lograron asegurar ayuda financiera e instrucción militar.

Taylor fue capturado en marzo de 2006 durante su exilio en Nigeria y seguidamente fue trasladado al Tribunal Especial en Sierra Leona. No obstante, debido a disturbios, su proceso se pospuso para junio de 2006 y fue trasladado (junto con él)a las salas de la CPI en La Haya, lo que contradice la idea original del tribunal especial de acercar la justicia al pueblo afectado. Desde la formulación de la acusación en junio de 2007 hasta la anunciación de la sentencia (con el establecimiento de la pena es juzgado a finales de mayo) pasaron 5 años. No obstante, aún falta completar el fallo con la fijación de la pena.

La defensa logró un éxito parcial. No logró la absolución total, pero sí que Taylor fuese solamente condenado por participación en los delitos, es decir, como partícipe,  y no como había solicitado la fiscalía, como autor. Por otro lado, el Tribunal le atribuye todas las atrocidades cometidas por los terroristas al ex presidente, aunque aún no se tienen los razonamientos sobre los cuales se basó esta para llegar a esta decisión. Una vez la sentencia sea dada a conocer en su integridad, será posible tener pautas para juzgar casos parecidos en el futuro.

El Tribunal Especial para Sierra Leona tiene una gran ventaja –basado en su estatuto y similar a lo realizado en el tribunal del genocidio en Cambodia–: sólo se concentra en los criminales más grandes y de esta forma posibilita que a través del juzgamiento de unos pocos, se logren sentencias ejemplares que despierten la atención del pueblo, de manera que durante la lectura de la sentencia, las calles estén vacías y los ciudadanos sepan lo que ha pasado y se den cuenta de que la justicia es posible, que se impone y no se frena, ni siquiera ante figuras como las de Charles Taylor, quien en un delirio de su grandeza, y como muestra de lo que los grandes criminales pueden pensar de sí,  en algún momento expresó en la radio: “Jesucristo fue acusado de ser un asesino en su tiempo”.

Quizá el caso de Taylor sea una nueva lección aprendida: ante escenarios masivos de crímenes, de víctimas y de victimarios, lo más aconsejable pueden ser fallos contundentes y con suficiente verdad, aunque sea pocos, que intentar sentencias vacías e incompletas, aunque muchas.

En Twitter: @andreasforer

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