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Tal vez en Colombia el dato de mayor recordación que durante varios años se tuvo sobre la República de Túnez es que su selección de fútbol se enfrentó a la colombiana durante el mundial Francia 98 y que empató.
Sin embargo, la información acerca de este país del norte de África se ha incrementado en último mes y medio. A partir de que su presidente, Ben Alí, un dictador, que asumió el poder durante 23 años abandonó el país. Es importante recordar que en una fase anterior a asumir las riendas de la nación éste fue jefe de inteligencia de la misma. En esta posición es conocido que como método de opresión llevó a cabo en su agenda permanente, crímenes como torturas, amenazas de muerte, detenciones ilegales y seudo juicios.
Sin embargo el pueblo tunecino se ha manifestado frente al proceder de su gobernante y tan sólo seis semanas de manifestaciones que alteraron el orden público, provocaron la huída de éste al exilio en Arabia Saudita, no sin antes solicitar al jefe del Banco Central hacer una transferencia de 400 millones de euros a su cuenta personal.
Pero hagamos un poco de historia para analizar lo que sucede. Desde tiempos del Imperio Romano y hasta 1956 cuando se convirtió en república independiente, Túnez fue un territorio conquistado y controlado por otros. La última nación que ejerció algún tipo de dominio sobre el país en cuestión fue Francia de quien fuera una de sus colonias. Así pues a partir de 1957 el Partido Socialista Desturiano en cabeza de Habib Burguiba ocupó la primera presidencia de la república.
Burguiba se mantuvo en la jefatura de Estado por un periodo de 30 años que culminó en 1987, cuando fue derrocado mediante un golpe de estado liderado por Zine el Abidine Ben Alí, y quien a partir de ese momento asumió el poder. Al igual que su antecesor, Ben Alí se perpetró en el poder por un largo periodo que culminó el pasado 14 de enero.
Actualmente Túnez se encuentra bajo un gobierno interino encabezado por quien fuera el Presidente del Parlamento Foued Mebazaa, mientras se define una fecha para la realización de unas nuevas elecciones que en teoría llevarán al país a un estado de real democracia, después de 55 años de dictadura. Sin embargo el motivo por el que abordo este tema no es tanto por el proceso de tránsito a la democracia que esta nación empieza a encarar, como por la necesidad de hacer un llamado a que los abusos cometidos por Ben Alí en sus años en el poder queden en la impunidad. Aún es muy importante investigar su responsabilidad por la muerte de más de 100 manifestantes pacíficos, causada por la reacción excesiva del Estado.
Otro ejemplo de este tipo de impunidad es el de Idi Amin, quien también como dictador ostentó el poder en Uganda de 1971 a 1979. Éste murió en 2003 en su exilio en Arabia Saudita, sin haber enfrentado ningún proceso judicial por las atrocidades cometidas en su gobierno, como por ejemplo las más de 400 mil personas que se estima murieron durante su régimen de violencia.
Pero los tiempos han cambiado. La comunidad internacional ha acordado que por lo menos los delitos más graves no pueden quedar en la impunidad; razón por la cual hoy en día ex dictadores deben cargar con un proceso penal. Muestra de esta afirmación es el preámbulo del Estatuto de Roma que da vida a la Corte Penal Internacional, y que afirma que se debe sancionar a los autores de estos crímenes con el objetivo de que los mismos no queden en la impunidad y así contribuir a la prevención de nuevos delitos.
De vuelta a la situación que se vive en Túnez, el Presidente Interino ha prometido que se realizarán elecciones democráticas y ha anunciado que Ben Alí deberá asumir su responsabilidad por el fraude cometido con los dineros del Estado. Sin embargo estas palabras deben ser solamente el principio; otros delitos, como los mencionados al inicio de esta columna tienen que ser investigados; y si se considera que hay motivos razonables para que creer que fueron cometidos por Ben Alí, éste deberá comparecer en el banquillo de los acusados.
Esta vez, es Túnez el país que tendrá que iniciar el camino que Colombia ha recorrido por cinco años. En condiciones y contextos disímiles cada experiencia de justicia transicional es un aporte que poco a poco va construyendo el propósito común que la Humanidad se ha venido trazando tras devastadoras experiencias de violencia: la lucha contra la impunidad.