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El informe que publicó la Comisión Global de Política de Drogas dio en un clavo que duele a muchos.
Aunque no es el primer martillo que golpea, sí recoge un número de voces lo suficientemente amplio y calificado como para merecer una respuesta del gobierno de los Estados Unidos. Algunos lo califican de intento tímido, pero es una voz más que se une a las muchas que cuestionan el liderazgo que los norteamericanos han ejercido en la lucha contra las drogas ilícitas durante los últimos sesenta años.
Colombia, no sobra decirlo, ha jugado el juego con las reglas que le han dictado y ha puesto una cuota de sacrificio inmensa en vidas humanas, deterioro institucional y desgaste del tejido social. Pocas naciones como Colombia conocen de primera mano los costos de enfocarse casi exclusivamente en la represión de la oferta, en una estrategia que difícilmente se puede abandonar, dado el abundante financiamiento que el narcotráfico genera para organizaciones de distinta índole.
Sin embargo, el informe de la Comisión toca un punto muy válido: estamos demasiado enfocados en indicadores como toneladas incautadas, áreas sembradas y cabecillas dados de baja.
Esos números deben seguir guiando parte de la política pública, pero las autoridades deben tomar plena conciencia de que Colombia también es un país que consume drogas. No sólo se trata de familias que sufren la violencia asociada con el tráfico de estas sustancias, sino también de familias que se destruyen por los problemas que su consumo conlleva. Este último es un tema de salud pública, en el que el país tiene muchísimo por hacer. Como lo anota el informe, en términos generales pero que reflejan el caso colombiano, malgastamos abundantes recursos en represión de la oferta al por menor, que tendrían mejor uso si se utilizaran en informar a jóvenes y en tratar a adictos.
Declarar ilegal la producción y venta de estupefacientes es una opción que la comunidad internacional tomó hace años. En tanto opción, podemos algún día cambiar de parecer. En cambio, no es optativo reconocer los efectos devastadores que el consumo de ciertas drogas puede tener sobre personas y familias. Démosle más importancia a la demanda.
andres.escobar@econceptaei.com