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El que pensó en 2008 y 2009 que la crisis financiera internacional iba ser, a pesar de su magnitud, un tema superado en uno o dos años, estaba profundamente equivocado.
Bastaba con remitirse a la crisis hipotecaria y financiera colombiana del año 1999, que guarda más de una similitud con lo que pasó en Estados Unidos recientemente, para concluir que sólo cabía esperar una recuperación lenta y dolorosa para deudores hipotecarios, desempleados, informales y finanzas públicas.
Están por cumplirse tres años de la quiebra de Lehman Brothers. La economía estadounidense camina, como era de esperarse, a paso lento. Y tiene problemas fiscales. Europa, con un grado de responsabilidad no menor en la que ahora llamamos la Gran Recesión, también está anémica. tiene problemas fiscales. Grandes.
Aquí tuvimos, y tenemos, nuestros propios problemas de finanzas públicas. Sin embargo, al margen de las críticas que puedan caber al ajuste fiscal que ha hecho Colombia desde comienzos de la década pasada, el debate político alrededor de lo macroeconómico ha estado razonablemente a la altura.
Es aquí donde la crisis internacional no tiene referente obvio en el pasado reciente. Los políticos han “pelado el cobre” en las grandes economías. La discusión alrededor del techo de la deuda en EE.UU. es como para no creerlo y en Europa no se quedan atrás cuando de solucionar los temas de Grecia, España y otros se trata. Japón también deja mucho que desear en medio de una crisis que ya lleva décadas.
Uno podría pensar “allá ellos”. Pero no. La dificultad crónica para enfrentar los problemas de fondo en todo el primer mundo nos está poniendo en peligro a todos. La negociación de última hora en EE.UU. no soluciona nada diferente de un problema de financiación de muy corto plazo. Los anuncios en Europa tampoco son soluciones de verdad. Los problemas fiscales no resueltos de unos y otros amenazan con descarrilar otra vez la economía mundial.
Allá no van por el camino correcto. En los temas macroeconómicos, los políticos no están a la altura. En todas partes la cosa se puede poner muy fea.
andres.escobar@econceptaei.com