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Competimos en estadios en obra gris. Tenemos hinchas, que aunque arman la fiesta, alejan a otros. Jugamos en canchas con gramas quemadas o inundadas que dan pena. Soportamos transmisiones de bajo presupuesto en televisión.
Aguantamos precios que encarecen el espectáculo. Vivimos al fiado y con los equipos a punto de ir a la huelga. Ese es nuestro fútbol. Un fútbol que deambula entre la pobreza, los malos dineros de otros y la mediocridad de unos cuantos. Un fútbol que parece neonato, a pesar de llevar más de 60 años de profesionalismo.
Nuestros equipos suelen fracasar en las competencias internacionales, los jugadores que integran la selección en su mayoría no juegan acá, los técnicos se contratan por buenos y a los pocos meses son botados por malos. Los escándalos suelen robarse las portadas, por encima de las gambetas.
Vivimos en el abismo, pero afónicos de gritar goles. Extasiados con un triunfo y condenados al dolor con una derrota. Emocionados por lo bien o mal que juegan nuestros equipos. Pegados a la tabla y con curso de PhD en matemáticas para sacar promedios. Vivimos con el rumor de gol en el alma, y con la esperanza de ver al equipo jugar. Vivimos al debe, pero con el corazón en sobregiro.
Partidos como el 4-0 de Millos-Real, el 6-3 en el clásico caleño, o el 3-2 de Quindío y Santa Fe, por poner sólo unos ejemplos de la fecha pasada, alegran el alma y esconden la mediocridad. Nuestro torneo no tiene el profesionalismo que debería, pero cada fecha hay al menos dos o tres juegos de primer nivel que tapan la realidad.
Ojalá algún día invirtamos en transformar nuestro fútbol, en volverlo como la NBA, en donde mercadeo, escenarios, profesionalismo, salarios y transparencia se suman al talento innato de la tierra y convierten el juego en un gran deporte, un gran espectáculo. Ese día, nuestra liga tendrá la misma emoción que hoy, pero con mejores herramientas para que más personas y empresas quieran invertir, y para que la profesionalización sea una realidad. Ya el corazón está enamorado, ahora sólo falta afinar la inteligencia.