Publicidad

Jubilemos a los héroes

Andrés Hoyos
27 de septiembre de 2016 – 09:55 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Lo más importante que me queda por decir sobre el plebiscito del domingo es que los mayores, los viejos, los maduros, los veteranos, o como queramos llamarnos quienes ya atravesamos la mitad de la vida, no tenemos derecho de votar según las cicatrices que nos dejaron las heridas del pasado.

El pasado no está en juego porque ya fue jugado. Debemos pensar en lo que les conviene a los niños y jóvenes del país. En Inglaterra, una mayoría de viejos cascarrabias se impuso en el voto del Brexit, sin que les importara un bledo hipotecar así el futuro de los jóvenes. Votar pensando solo en el pasado, o sobre todo en él, es un acto inmoral.

Quizás el único argumento válido en favor del No sería que el reciente Acuerdo Final condenara al país a la repetición de soluciones fallidas, es decir, a mantener abiertas las viejas heridas. Para ello tendría que haber una creciente acumulación militar de fuerzas en las regiones, tendría que existir una potente ideología revolucionaria capaz de conducir a grandes muchedumbres hacia la insurrección, tendría que estar en el poder un gobierno autoritario no dispuesto a ceder nunca su lugar. Yo, pese a llevar décadas escudriñando la vida política y social del país, veo problemas pero nada como lo descrito. Aunque los extremistas de ambos costados sí están al acecho, uno no los ve ni remotamente ganándose el favor de las masas para embarcarlas en aventuras violentas de nuevo cuño.

A Colombia le conviene convertirse en un país más aburrido. Madurar a veces consiste en adquirir rutinas sanas, en cambiar lo emocionante por lo sensato, en jubilar a los héroes quienes, como de costumbre, suelen serlo para unos, en tanto que otros los consideran grandes villanos. Fidel Castro, para dar un ejemplo, empezó disfrazado de Robin Hood, pero su imagen se fue deteriorando por cuenta del fanatismo, el tiempo, la obsecuencia y la burocracia, hasta convertirse en la del patético exdictador de hoy. Héroe que no se jubila a tiempo, héroe que se convierte en villano. “Infeliz aquel país que necesita héroes”, decía Brecht.

Ojalá que el largo e intenso ruido que venimos haciendo tantos desde tantos costados conduzca a una votación copiosa el próximo domingo, lo que para un evento como este equivale a que salga a votar entre el 40% y el 50% del electorado. Para invalidar los resultados se necesitaría que votara bastante menos del 25%, cifra que a estas alturas no parece realista. Igual, en estas materias no sirve ganar de cualquier manera. El grado de legitimidad del triunfo, gane quien gane, dependerá de la asistencia a las urnas. Mucho se habla de que uno puede hacer daño por acción u omisión. Pues bien, no votar en la jornada histórica del 2 de octubre sería un acto de omisión cívica imperdonable.

Nada, por supuesto, se va a resolver de la noche a la mañana ni tras el triunfo del Sí vendrá un país sin conflictos. No, vendrá un país con conflictos viejos y nuevos, que por lo mismo que ya no se resolverán a los tiros serán más fértiles o, por lo menos, solubles en un plazo razonable.

Muy en particular queda vivo el chorro de dinero turbio proveniente del narcotráfico, a su vez hijo bastardo de la prohibición. Sin embargo, nuestra cruel guerra intestina deberá salir de los noticieros y migrar hacia el mundo narrativo donde se convertirá en novelas, libros de no ficción, películas, series de televisión, reportajes, todos ellos tal vez con muertos, pero ninguno de carne y hueso.

andreshoyos@elmalpensante.com, @andrewholes

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido