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La encrucijada verde

Andrés Hoyos
25 de enero de 2011 – 10:00 p. m.

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EL AÑO PASADO ME REFERÍ CON FREcuencia al Partido Verde, y varias personas me han preguntado por qué el silencio desde entonces. Respondería que se debe a una mezcla de perplejidad y falta de hechos protuberantes, los cuales ya han empezado a surgir.

El problema de fondo es que los verdes todavía no son un partido político en forma, sino una suma bien intencionada de personajes valiosos articulados alrededor de una estructura débil y afectados por el indeseable virus de la antipolítica. Alguien me dirá que todos los partidos nacen débiles y yo concordaré, con la aclaración de que luego tienen que fortalecerse so pena de desaparecer. En los doscientos años de historia de Colombia han nacido centenares de partidos políticos, pero tan sólo han sobrevivido dos, ambos muy maltrechos hoy.

Estructurar un partido exige dirigentes que mezclen la vocación ideológica con la templanza que nace de una larga experiencia política debidamente digerida. Pasemos revista a los cuatro miembros centrales de la dirección nacional verde: Lucho Garzón es un hombre carismático y fogueado, pero nadie lo confundiría con un ideólogo o un estratega de peso. Sergio Fajardo es un académico exitoso que se trasmutó en administrador público pulcro y eficaz, si bien la ideología tampoco ha sido su fuerte. Enrique Peñalosa es un tremendo gerente y un especialista en temas urbanos, pero su menosprecio por la política lo ha llevado a padecer numerosos descalabros. Esto nos deja con Antanas Mockus, quien en el papel es la persona más indicada para liderar la consolidación del partido, no sólo porque tiene la formación adecuada, sino porque la labor partidista es una responsabilidad casi ineludible que le quedó tras la pasada campaña electoral, en la que despertó un gran entusiasmo al tiempo que cometió graves errores que lo llevaron a perder por una diferencia muy amplia con el hoy presidente Santos.

Y es aquí donde salta el detalle crucial: Mockus es un hombre brillante, pero laberíntico y con frecuencia tapiado desde adentro. De ahí que su personalidad lo haya convertido más un gurú que un auténtico líder político. El líder necesario para consolidar al Partido Verde tendría que ser flexible, estar alerta a las necesidades del momento y especializarse en armar alianzas y equipos sólidos; el gurú se llena de seguidores y la pasa mal a la hora de superar las diferencias. El líder entiende que el partido es lo más importante, el gurú piensa que lo más importante es él. No de otra manera se entiende el affaire Parody, que deja muy mal parado a Mockus por donde se lo mire, pues si el problema es el fantasma de Álvaro Uribe, ella, sin negarle sus méritos, siempre fue mucho más uribista de lo que haya llegado a serlo nunca Enrique Peñalosa. Extraña también que alguien tan cercano a Mockus como Salomón Kalmanovitz a estas alturas todavía no sepa si fue un error votar por Samuel Moreno contra Peñalosa. ¿Y entonces no ha habido una fétida avalancha de desastres e incompetencia en Bogotá? ¿No dizque todos estaban en un mismo partido?

No quiero decir con esto que un partido sólo exista cuando todo el mundo obedece a una disciplina para perros, según decía Laureano Gómez, sino que las rivalidades y desacuerdos pueden ser fuertes siempre y cuando la estructura del partido sea todavía más fuerte. Sin embargo, en el Partido Verde tenemos mucho de lo primero y poco de lo segundo.

Iremos viendo qué pasa.

andreshoyos@elmalpensante.com @andrewholes

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