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Siempre que hay fracaso en el fútbol, salen técnicos y jugadores. Son los culpables de las derrotas y los malos resultados. Además de los insultos y las quejas de la tribuna, terminan expulsados como villanos de los equipos.
Pero generalmente los directivos no se van. Se eternizan en sus cargos que, como en el caso de los dos grandes de Bogotá, Millonarios y Santa Fe, ya tienen más experiencia en perder y quedar por fuera de las finales que triunfos significativos.
Me queda difícil defender la gestión de Quintabani y Gómez, los resultados hablan por sí solos. Muchas expectativas se crearon alrededor de los que dirigían y al final se pierde la clasificación. Seguramente terminarán cuestionados, pero qué pasa con los que los trajeron, por qué los patrones no consideran la posibilidad de partir y dejar que otros vengan a ver si con ideas nuevas se puede volver a ser protagonistas. Son muchos errores que condenan las decisiones de los dirigentes, pero como los equipos son de unos pocos y estos son los mismos que hacen parte de las juntas, no los saca nadie. Y eso que pregonan que esto no es negocio, qué tal que lo fuera…
Qué decir del triste regreso a la B del Bucaramanga. Una ‘cadena’ de errores de la bien intencionada familia dueña de los derechos del equipo leopardo. Cada técnico que no estaba de acuerdo con lo que ellos querían se fue del banquillo al tiro. Desfilaron Prince, Reyes, Upegui, Retat y Luna para terminar dejando al equipo otra vez donde nunca debía volver. Eduardo Julián tenía al equipo clasificado y Víctor, vivo. Ser buena gente no garantiza el éxito en este negocio, porque no se me ocurre más para defender las actuaciones de los que mandan. Aquí no se puede dirigir con las entrañas y las corazonadas. No se puede pelear con los gremios de una ciudad que no tiene tantas fuentes de ingreso por su tamaño y dedicarse a deberle plata a los que después debían mantener la categoría y al resto de habitantes. José Augusto Cadena, el presidente del amarillo, se quedó solo con el lastre de las malas campañas anteriores porque no se supo rodear bien y por equivocarse en las decisiones de una empresa que tendría que ser altamente rentable.
La hinchada se cansó de la mediocridad de las contrataciones, los malos resultados y abandonaron la causa. Y lo peor, si no se van los principales accionistas es difícil que alguien de la capital de Santander les ayude en 2009 por el desgaste de estos dos años para volver a la A. Ya casi nadie les cree y con razón por la seguidilla de desaciertos. Tres casos similares con un común denominador: dolor de cabeza tratado con un remedio para el estómago. ¿De qué sirve cambiar jugadores y entrenador cada campaña si el problema principal está en los que mandan?