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Cada cuatro años cuando llegan otros Olímpicos vuelven a estar de moda nuestros pocos medallistas. No han sido muchos desde 1972, cuando un señor de apellido raro, Bellingrodt, nos regaló la satisfacción enchapada en plata en los Juegos de Múnich de aquel año.
De ahí en adelante, otra medalla de plata con él, en el 84, bronces muy significativos y una sola medalla de oro conseguida por la gran María Isabel, hace ocho años, nos alimentan en esta historia de escasas alegrías en cuanto a participaciones en las máximas competencias deportivas de la humanidad.
Un amigo extranjero me decía con razón: “Esa señora Urrutia debería ser una heroína nacional”, y lo es, pero sólo nos acordamos de su gesta antes o después de las competencias que esta vez arrancan en Beijing. ¿Hemos sido lo suficientemente agradecidos con nuestra única campeona de la historia? No sé realmente, esa es una reflexión que dejo para que nos hagamos los colombianos; lo que sí queda abierta es la expectativa por lo que se viene con los 67 deportistas que llevamos a China.
Es la primera vez que vamos con tantos participantes a un evento como este. ¿Será que por primera vez vamos a demostrar contundentemente nuestros avances en las pesas y podremos responder ante el favoritismo que siempre nos cuesta? Somos en la halterofilia uno de los mejores equipos del mundo, es decir, en condiciones normales se debería llegar al podio en varias categorías y poder alcanzar el oro. En ciclismo, si todo se da como esperamos, algo debemos pescar; lo mismo en el eterno boxeo, taekwondo, tiro con arco y lucha, para mencionar las principales disciplinas.
Pero es mejor no especular y confiar en que el COC (Comité Olímpico Colombiano) apoyado por las ligas y Coldeportes, no se equivocó en convocatorias, exigencia y competencias para cada uno de estos héroes en potencia que nos van a representar por ser los mejores realmente en sus ramas y no por las benditas roscas que tanto mal nos han hecho toda la vida.
No podemos hacer el oso, esta vez tenemos que entregar resultados. No valen las excusas de siempre y así como vamos a aplaudir lo bueno, tendremos que reprochar si los resultados no son los esperados. Vamos a los Olímpicos desde Los Ángeles en 1932 y hemos conseguido, en resumen, una medalla de oro, dos de plata y seis de bronce, y según las proyecciones optimistas, como deben ser siempre, en esta oportunidad podríamos agrandar nuestra huella y ver la tricolor en varias finales, suscitando nuestra emoción. Energía positiva y que lleguen las medallas.