Publicidad

El odio

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Desde que el reconocido politólogo Samuel P. Huntington escribió en 2004 sobre el “reto hispano”, si no antes, la idea de que los inmigrantes latinos en Estados Unidos son el principal peligro para el American way of life ha sufrido un proceso preocupante de aceptación y naturalización. 

Según Huntington, el flujo masivo de hispanos amenaza con dividir a ese país en dos, dado que éstos han creado sus propios “enclaves” culturales, lingüísticos y políticos en lugar de asimilarse, como otras oleadas de migrantes hicieron en el pasado. 

La ley antiinmigración, aprobada por el estado de Arizona —además de otra que apareció dos días después y que prohíbe el diseño de cursos y material didáctico en las escuelas públicas para grupos étnicos específicos—, más que un caso excepcional, refleja un sino siniestro que parece apoderarse de crecientes sectores de la población. No en vano, Noam Chomsky, el intelectual estadounidense de mayor renombre en el mundo, ha comparado lo que está pasando en su país con lo ocurrido en la República de Weimar alemana, en el sentido de que la desilusión con los gobernantes y la legislatura están ambientando el ascenso de la extrema derecha.

Según una encuesta reciente de The New York Times y CBS, 18% de los estadounidenses se identifican como integrantes del movimiento radical Tea Party, que ha liderado una cruzada para “reclamar Estados Unidos”. Más preocupante aún, este segmento no despreciable del público se identifica como “indignado” más que “insatisfecho” con el rumbo que ha cogido el país. Y como en el caso de los judíos, gitanos, homosexuales y discapacitados en la Alemania nazi, la rabia colectiva que alimenta en especial este sector en Estados Unidos va dirigiéndose contra los inmigrantes (y los negros), quienes se identifican como “enemigos” de la patria.

La posibilidad de que prácticas discriminatorias como las que condona la ley de Arizona puedan volverse la norma y no la excepción en Estados Unidos es espeluznante.  Aunque contra la población afroamericana y musulmana éstas ya han sido empleadas en nombre de la guerra contra las drogas y el terrorismo, la aprehensión de individuos por la “sospecha razonable” de que sean inmigrantes ilegales, basada necesariamente en el color de su piel, su raza o incluso la forma de vestirse o su habilidad para hablar inglés, constituye no menos que la normalización de esta tendencia.

Lo que está ocurriendo recuerda el impactante epílogo de la película El odio, de Mathieu Kassovitz: “Esta es la historia de una sociedad que se hunde, y mientras va hundiéndose no para de repetir, hasta ahora, todo va bien”.  La cual advirtió sobre los peligros de la ceguera francesa ante los efectos destructivos de la xenofobia, y se convirtió en una profecía de las manifestaciones violentas que nacieron en ese país diez años más tarde.  Ojalá, al contrario de Francia, las voces de alarma que se levantan en Estados Unidos estén a tiempo para frenar esta vertiginosa caída.  Siendo este el principal destino de migración legal e ilegal para los aproximadamente seis millones de colombianos que viven en el exterior, el tema no nos puede ser indiferente.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido