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No llores por mí, Cristina

Arlene B. Tickner
27 de octubre de 2015 – 08:52 p. m.

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Después de 12 años en el poder, incluyendo el período presidencial de su esposo, Néstor Kirchner, y un intento fallido por modificar la Constitución en 2013 con el fin de extender su mandato, Cristina Fernández de Kirchner se prepara para abandonar el trono.

Pese a todos los pronósticos no solo no ganó su candidato Daniel Scioli en primera vuelta, sino que el partido oficialista, Frente por la Victoria, perdió la gobernación de la provincia de Buenos Aires –que concentra un 38% del electorado nacional– así como su ventaja en la Cámara de Diputados. En los tres escenarios, sorprendió la coalición Cambiemos, cuyo presidenciable, Mauricio Macri, y su gobernadora electa bonaerense, María Eugenia Vidal, expusieron la derrotabilidad del kirchnerismo.

A la década K se le abonan logros significativos en materia social y de derechos civiles y humanos. Además de reducir a la mitad las tasas de desempleo y pobreza, la clase media argentina se dobló, y el aumento en el gasto y la seguridad social permitió expandir el tamaño de la población cobijada en educación, salud y pensiones. Se anuló el indulto a los responsables de crímenes de lesa humanidad durante la dictadura y se profirieron sentencias contra militares de alto nivel. A su vez, Argentina se convirtió en ejemplo de progresismo al legalizar el matrimonio homosexual, aprobar una ley de identidad de género y reforzar el combate a la violencia contra las mujeres. No menos importante, hubo un crecimiento significativo en la participación política de las juventudes.

Pese a lo anterior, el estilo de liderazgo de los Kirchner ha sido polarizante, al tiempo que Cristina ha sido cuestionada por intentar restringir la libertad de prensa y obstaculizar el funcionamiento de la justicia. Entre las protestas sociales masivas que se han realizado en contra de su gobierno, la mayoría ha gravitado en torno a la corrupción –siendo el caso del fiscal Nisman el más explosivo– y la economía. El desplome en el precio de la soya, el principal producto de exportación (y divisas), el déficit fiscal, la disminución de las reservas internacionales y una política comercial y cambiaria hiper- proteccionista, han agravado el estancamiento económico y la inflación.

Dado que Argentina nunca ha celebrado un balotaje, la incertidumbre en torno a las elecciones del 22 de noviembre es grande. La alineación extrema de Scioli con Cristina hace incierto su triunfo al dificultar la ampliación de su base electoral, incluso entre quienes votaron por el peronista opositor, Sergio Massa, en primera vuelta. Por su parte, la denuncia kirchnerista de que Macri quiere volver el país al neoliberalismo salvaje puede marginar a algunos votantes. Gane quien gane, los márgenes de maniobra del nuevo gobierno serán bastante reducidos. Entre los temas que habrá que repensar, la devaluación del peso –que cotiza 70% más que en el mercado paralelo– la flexibilización de las restricciones a las importaciones, exportaciones e inversión extranjera, el ritmo del gasto social, la lucha contra el narcotráfico, la relación con Estados Unidos y el manejo de la deuda externa encabezan la lista.

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