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¿Perder es ganar?

Arlene B. Tickner
26 de octubre de 2010 – 09:59 p. m.

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Por regla general, en las elecciones de mitaca en Estados Unidos el partido del Presidente pierde escaños netos en el Congreso.

Desde la Guerra Civil solamente ha habido tres excepciones, ocurridas durante las presidencias de FDR (1934), Bill Clinton (1998) y George W. Bush (2002). Sin embargo, la historia muestra que dicha pérdida puede ser un factor determinante de la reelección presidencial. Fue el caso de Ronald Reagan y de Clinton, quienes después de ver a sus partidos sufrir derrotas importantes en 1982 y 1994, respectivamente, ganaron las elecciones con mayorías holgadas.

Aunque suene absurdo, a Barack Obama le puede convenir que los demócratas pierdan su mayoría en la Cámara de Representantes —que es lo más probable— y tal vez en el Senado también. De forma más agresiva que en épocas anteriores los republicanos, y sobre todo sus facciones más radicales, como el Tea Party, no sólo se han opuesto a cualquier esquema de negociación y conciliación con el Ejecutivo en torno a programas claves en áreas como la economía, salud, educación y energía, sino que se han dedicado de forma sistemática a desinformar a la población y a desprestigiar al Presidente.

La insistencia reiterada de que Obama es un musulmán no nacido en el país —que se refleja en la opinión de un 20% de los estadounidenses—, la comparación entre él, Lenin y Hitler como líderes extremos y totalitarios, la identificación de la reforma a la salud como una catástrofe similar a los ataques terroristas del 11/9 y la acusación de que la Casa Blanca no ha hecho nada para resolver la crisis económica constituyen tan sólo algunas estrategias. Una valla aparecida en Colorado ejemplifica el tono mezquino de estas elecciones: aparece Obama como un terrorista, un proxeneta, un bandido mexicano y un homosexual, todos sentados entre dos buitres —uno nombrado ONU y el otro George Soros— con un letrero que dice “Vote DemocRAT”.

La Casa Blanca tampoco ha sabido vender con éxito sus logros. Una encuesta reciente de CBS y The New York Times revela, por ejemplo, que tan solo 8% sabe que Obama ha recortado los impuestos del 95% de los contribuyentes. Existe, además, la sensación de que la industria financiera —el principal villano de la crisis económica— no ha recibido el debido castigo. En una coyuntura caracterizada por un desempleo del 10%, los problemas actuales se le atribuyen a Obama, por más claro que sea que éstos no fueron creados por él. Ante un Congreso republicano el Presidente tendrá a quién echarle la culpa, mientras que la táctica de ese partido de oponerse a toda iniciativa proveniente de la Casa Blanca no tendrá la misma efectividad electoral en 2012. ¿Será que en estas condiciones perder es ganar?

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Inadmisible la desautorización hecha por Francisco Santos en RCN (http://www.rcnradio.com/audios/nacional/15-10-10/canciller-destaca-ingreso-de-colombia-consejo-de-seguridad-de-la-onu) a mí y a Laura Gil durante una entrevista realizada a la canciller Holguín por el carácter “extranjero” de nuestros análisis. Además de reunir las credenciales académicas para hablar sobre temas internacionales, entre las dos hemos vivido más de 40 años en Colombia, además de ser ciudadanas nacionalizadas. ¿Tan lejos estamos en el país a que las opiniones contrarias se rebatan con argumentos, a partir de un reconocimiento a la diferencia como legítima?

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