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Caen las bolsas y las proyecciones

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La situación de las principales economías del mundo sigue deteriorándose. Caen las bolsas y las probabilidades de una seria desaceleración son cada vez más elevadas.

El sonado reporte de Morgan Stanley que dio lugar a una fuerte baja de los precios de las acciones en la semana pasada pronostica un crecimiento de América Latina de sólo el 3,6% en 2012 (no deja de sorprender que, apoyada en curiosos planteamientos, algunas personas piensan que Colombia no será tocada por la situación internacional).

Otra cosa que llama la atención es que el remedio que parece dominar el panorama macroeconómico en Europa y Estados Unidos es el recorte del gasto. Casi nadie presta atención a voces como la de Paul Krugman, quien insiste en que, en el corto plazo, el énfasis debe estar en el estímulo a la actividad económica y, sobre todo, en la creación de empleo, aun a costa de aumentar transitoriamente el déficit.

La situación es tan delicada que a la reducida lista de keynesianos se ha sumado ahora el FMI, una entidad que antaño era reconocida por sus recetas inflexibles, casi siempre draconianas. Su nueva directora, Christine Lagarde, planteó en el Wall Street Journal que “no se debe permitir que los frenos fiscales detengan la recuperación mundial” y propuso una estrategia dual: hacer esfuerzos para lograr una mejoría fiscal en el mediano plazo, pero sólo después de apoyar el crecimiento y el empleo en el corto.

A ese grupo se acaba de vincular, en forma tardía, el presidente Obama, castigado por los demócratas por su capitulación frente al chantaje republicano por el alza del techo de la deuda, quien ahora parece decidido a relanzar una campaña para incentivar el empleo, en abierta confrontación con el Tea Party.

El problema es que la discusión de la política económica de Estados Unidos está mezclada con la lucha por el poder. Al parecer los republicanos quieren impedir la reactivación económica, con la esperanza de que el electorado culpe y castigue al presidente en su campaña por la reelección en 2012. La manifestación más extrema de esta tendencia la proporcionó Rick Perry, gobernador de Texas y precandidato republicano, quien afirmó que si la Reserva Federal, el banco central, realizaba políticas expansivas que le dieran respiro a la economía, sería acusado de traición a la patria.

Como lo afirmó Morgan Stanley, el gran riesgo de las economías desarrolladas es la inacción, derivada de su incapacidad política para tomar decisiones y enfrentar sus problemas. Al respecto, en Estados Unidos se esperan complicadísimas discusiones de los comités bipartidistas, creados por la ley que elevó el tope de la deuda, sobre el recorte del déficit. Y, como se dijo antes, se espera también un gran esfuerzo de los republicanos para bloquear los intentos de Obama enfocados a aumentar el empleo.

Aunque Colombia y otros países se verán afectados, es muy difícil pronosticar el impacto de una crisis que todavía está madurando y cuyos alcances se desconocen. Lo único cierto es que las proyecciones de crecimiento de la economía mundial para este año y el próximo ya son menores a las que se elaboraron hace apenas unos pocos meses. No será posible que Colombia tenga en 2012 un desempeño tan dinámico como el que se ha observado en estos meses. Esto debe ser incorporado a las cuentas de las empresas y del propio Gobierno.

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