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EN EL SÉPTIMO CÍRCULO DEL INfierno, en un desierto que recibe un diluvio de llamas, entre los peores pecadores contra Dios y la naturaleza, Dante situó a los sodomitas y a los prestamistas de dinero.
Reflejaba así prejuicios de origen bíblico, muy arraigados en el medioevo, algunos de los cuales sobreviven en nuestros días. Como lo muestran con su trato a los homosexuales, la iglesia católica y ciertas agrupaciones cristianas se resisten a superar doctrinas antiquísimas que a los ojos de hoy parecen anticuadas. En cambio, la cultura de ciertos países, antes influenciada por ideas tradicionales, que justificaron por mucho tiempo un clima hostil contra las actividades financieras, se ha modernizado en forma notable. En América Latina, en particular, hace más de 40 años se produjo una ruptura después de que se difundieron las tesis de liberación financiera de Ronald McKinnon y Edward Shaw, quienes plantearon con buenas razones que el crecimiento de la economía exigía el desarrollo del sector financiero. Insistieron en que volúmenes crecientes de ahorro debían fluir, a través de entidades especializadas, hacia los proyectos de inversión con el propósito de impulsar la expansión económica. Recomendaron, por lo tanto, liberar las tasas de interés y eliminar una cantidad de regulaciones absurdas (la llamada represión financiera) que impedían el fortalecimiento del sector financiero. Aunque estos planteamientos fueron inicialmente rechazados por indignados reaccionarios de derecha e izquierda, con el tiempo fueron aceptados. Poco a poco, lo que se consideraba herético pasó a ser un principio básico del desarrollo: el sector financiero debería operar con libertad, eso sí, con una regulación moderna y una cuidadosa supervisión por parte del Estado. Y la experiencia demostró que el despegue de los países asiáticos, en especial el de China, estuvo acompañado de un vigoroso crecimiento financiero. Pero allí no termina la historia. El consenso sobre las ventajas de la expansión financiera ha sido parcialmente cuestionado por el mismo Fondo Monetario Internacional. Con motivo del examen de la crisis económica de 2008, ocasionada precisamente por los manejos audaces e irresponsables de algunas entidades financieras y serios defectos regulatorios en países avanzados, el Fondo plantea que los beneficios del desarrollo financiero se reducen a medida que crece el sector financiero y que, incluso, si este sector es demasiado grande, puede ser dañino para la economía (señala que, en algunos casos, el crecimiento económico aumentaría si el sector financiero fuera más pequeño, como parece ser el caso de Estados Unidos, Japón e Irlanda). El Fondo insiste también en que una expansión financiera demasiado rápida, que desborde las capacidades del Estado para regularlo y vigilarlo, crea riesgos que pueden afectar el conjunto de la economía. La entidad concluye (en forma contraria a las ideas medievales) que el aumento y difusión de actividades financieras son, en general, benéficas para el crecimiento (sobre todo cuando el desarrollo financiero es escaso) pero que, para evitar desastres y complicaciones, siempre deben ser seriamente supervisadas por autoridades modernas y competentes. IMF Staff Discussion Note (2015) “Rethinking Financial Deepening: Stability and Growth in Financial Markets” (www.imf.org), May.